Economía

La industria aceitera pide nueva ley de biocombustibles y alerta por el atraso frente a Brasil

Mientras Brasil avanza con un programa para impulsar combustibles sustentables, el sector agroindustrial argentino reclama acelerar el debate de una nueva norma que eleve los cortes obligatorios y reactive la demanda interna.

Publicado el 13 de agosto de 2026, 14:05 hs

Planta de NRG Argentina

La industria aceitera argentina volvió a reclamar con urgencia el tratamiento de una nueva ley de biocombustibles. El motivo es claro: Brasil reglamentó esta semana un programa que impulsa el combustible sustentable y el sector local advierte que se está quedando atrás en la región.

Según fuentes del sector, el atraso normativo pone en riesgo miles de empleos y la competitividad de uno de los complejos agroindustriales más importantes del país. El reclamo principal pasa por elevar los porcentajes de corte obligatorio de biodiesel en el gasoil y de bioetanol en las naftas, para generar mayor demanda interna y dar previsibilidad a las inversiones.

En criollo, lo que pide el sector es que el Estado defina reglas claras de juego por los próximos años. La ley actual, que data de 2006 y fue modificada varias veces, ya no alcanza. Las plantas de biodiesel operan muy por debajo de su capacidad instalada y el corte actual del 5% para biodiesel quedó desactualizado respecto de lo que ocurre en el mundo.

Mientras tanto, Brasil dio un paso concreto. Esta semana reglamentó un programa que promueve la incorporación gradual de biocombustibles de segunda generación y establece metas más ambiciosas de corte. El vecino país busca reducir su dependencia de los combustibles fósiles y al mismo tiempo aprovechar su enorme producción de soja y caña de azúcar.

Para la industria argentina, el contraste es elocuente. “Estamos perdiendo competitividad frente a Brasil, que avanza mientras nosotros seguimos discutiendo”, resumió un directivo de una de las principales empresas del sector que pidió reserva de su nombre.

Los números ayudan a entender la dimensión del problema. Argentina cuenta con una capacidad instalada de producción de biodiesel de alrededor de 4,5 millones de toneladas anuales, pero solo utiliza una fracción de eso. El resto se exporta, muchas veces a precios que no compensan el costo de oportunidad de venderlo en el mercado interno con mayor valor agregado.

Elevar el corte obligatorio a 15% o 20% en el gasoil, como propone el sector, generaría una demanda adicional de soja y permitiría reactivar plantas que hoy están paradas o trabajando a media máquina. Además, se argumenta que esto contribuiría a mejorar la balanza comercial y a reducir emisiones sin necesidad de subsidios directos.

Sin embargo, no todo es tan lineal. Desde el sector automotor y algunos economistas advierten que aumentar fuertemente los cortes puede generar tensión en los precios de los combustibles y en la disponibilidad de materias primas para la alimentación. También se menciona la necesidad de actualizar las especificaciones técnicas para que los motores modernos funcionen sin problemas con mezclas más altas.

La discusión no es nueva. Ya en 2021 y 2022 hubo intentos de avanzar con una ley más ambiciosa, pero los proyectos se trabaron en el Congreso por diferencias entre las provincias productoras, el Gobierno nacional y los intereses de las petroleras. Ahora, con un nuevo contexto regional y la presión del sector agroindustrial, el tema volvió a la agenda.

Desde el Gobierno admiten en off the record que el tema está en estudio, pero no hay fecha confirmada para el envío de un proyecto al Congreso. La prioridad declarada sigue siendo la estabilización macroeconómica, aunque en el Ministerio de Economía reconocen que los biocombustibles pueden ser una herramienta para sumar dólares y empleo en el interior.

La industria aceitera, por su parte, insiste en que no se puede seguir postergando. “Brasil no nos va a esperar”, repiten. Mientras el vecino avanza con metas claras y previsibles, Argentina sigue funcionando con una norma que ya cumplió su ciclo.

En un país que produce cada año millones de toneladas de soja, maíz y girasol, tener una política de biocombustibles moderna no parece un lujo, sino una necesidad lógica. La pregunta es si esta vez el Congreso y el Ejecutivo estarán dispuestos a escuchar el reclamo antes de que la brecha con Brasil se agrande aún más.

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