Uso de capacidad instalada industrial subió a casi 60% pese a la caída de la producción
Según el INDEC, el uso de la capacidad instalada en la industria alcanzó el 59,8% en abril, impulsado por refinación de petróleo e industrias metálicas básicas. Cinco sectores superaron la media general mientras la producción industrial sigue en terreno negativo.
El uso de la capacidad instalada en la industria argentina trepó a 59,8% en abril, según los datos que publicó el INDEC esta semana. Es el nivel más alto de los últimos meses, aunque sigue por debajo de los registros de hace un año y medio.
El dato llama la atención porque llega en un contexto de caída de la producción industrial. En criollo: las fábricas están usando una proporción mayor de sus máquinas e instalaciones, pero produciendo menos en términos absolutos. ¿Cómo se explica? Básicamente por la baja base de comparación y por el fuerte ajuste que hicieron muchas empresas durante 2024, cuando cerraron turnos, redujeron personal y achicaron stocks.
Cinco sectores se ubicaron por encima del promedio general de 59,8%. Los que más destacaron fueron la refinación de petróleo (que rozó el 90%) y las industrias metálicas básicas, que vienen mostrando una recuperación sostenida gracias a la demanda externa y a algunos proyectos de inversión que finalmente se destrabaron.
Por el lado de abajo, siete sectores quedaron por debajo de la media. Entre los más complicados aparecen la industria automotriz, la textil y la de muebles. En estos casos el uso de capacidad instalada se mantiene en niveles muy bajos, lo que refleja la fuerte contracción del consumo interno y la dificultad para competir con importaciones.
Qué significa el uso de capacidad instalada
Este indicador no mide cuántas cosas se fabrican, sino qué porcentaje de las plantas está realmente en funcionamiento. Cuando está por debajo del 60% suele indicar que hay mucha capacidad ociosa: máquinas paradas, galpones vacíos, personal subutilizado. Eso genera costos fijos que las empresas no pueden cubrir del todo y que, tarde o temprano, se traducen en menor rentabilidad o en pedidos de ayuda al Estado.
En el caso argentino, el número de abril muestra una leve mejoría respecto de marzo (cuando había estado en 57,3%), pero sigue lejos de los niveles que se consideraban “normales” antes de la pandemia, cuando el promedio solía rondar el 65-68%.
Los ganadores y los perdedores del mes
Los sectores que jalonaron la suba fueron principalmente aquellos ligados a la exportación o a insumos básicos. La refinación de petróleo se beneficia de la mayor producción de Vaca Muerta y de la decisión de algunas refinadoras de procesar más crudo local en lugar de importarlo. Las industrias metálicas básicas, por su parte, aprovechan la devaluación que abarata sus costos en dólares y la demanda de algunos mercados regionales.
En cambio, los rubros más ligados al consumo masivo y a la construcción siguen sufriendo. La producción de electrodomésticos, por ejemplo, muestra un uso de capacidad por debajo del 50%, lo mismo que ocurre con la fabricación de calzado y prendas de vestir.
Contexto macro que explica el fenómeno
La suba del indicador se da en un momento en que el Gobierno celebra la estabilización de algunos números (inflación más baja, reservas que se recuperan), pero la industria sigue sin encontrar un motor claro de crecimiento. Los economistas coinciden en que, sin una recuperación sostenida del salario real y del crédito, es difícil que el consumo interno tire de la producción.
Además, persiste el problema estructural de la capacidad instalada ociosa. Muchas empresas invirtieron en ampliar plantas durante la década pasada y hoy tienen capacidad para producir mucho más de lo que el mercado interno puede absorber. Eso genera una presión constante para que se abran las importaciones o se busquen mercados externos, algo que no siempre es sencillo por el tipo de cambio y las restricciones que todavía operan.
Desde el sector privado piden señales claras de previsibilidad. “No alcanza con que suba un poco el uso de capacidad si la rentabilidad sigue en rojo”, plantean desde la UIA. El desafío para los próximos meses será ver si esta leve recuperación se consolida o si se trata solo de un rebote técnico después de varios meses muy duros.
La realidad es más aburrida: sin una mejora genuina en la demanda, el uso de capacidad instalada puede seguir subiendo por efecto de cierres de plantas y ajuste de costos, pero eso no necesariamente significa que la industria esté creciendo. Es un número para mirar con lupa y siempre en conjunto con el resto de los indicadores.