Economía

Una familia porteña necesitó casi $2,5 millones en junio para ser considerada de clase media

Según los últimos datos, una familia tipo en la Ciudad de Buenos Aires requirió $2.473.687 para ubicarse en el umbral de clase media. La canasta que define este estrato subió 1,8% en junio, en línea con la inflación general.

Publicado el 8 de julio de 2026, 19:10 hs

Gráfico de inflación y canasta básica familiar en Buenos Aires con billetes y familia
Ámbito — Economía

Una familia tipo de la Ciudad de Buenos Aires necesitó casi 2,5 millones de pesos en junio para ser considerada de clase media. Según los cálculos del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, el umbral inferior de este estrato social se ubicó en $2.473.687 para un hogar compuesto por dos adultos y dos niños.

La cifra representa un aumento del 1,8% respecto al mes anterior, en línea con la evolución de la inflación general. Este valor surge de la Canasta Básica Total ampliada, que incluye no solo alimentos y servicios básicos, sino también gastos asociados a vivienda, transporte, salud, educación y un margen para recreación y ahorro.

¿Cómo se define la clase media en Argentina?

Los criterios más utilizados dividen a la población según el ingreso familiar en relación a la Canasta Básica. Quienes perciben entre 1,5 y 4 veces el valor de la Canasta Básica Total se ubican en la franja media. Por debajo de 1,5 veces entran en la categoría de pobres, y por encima de 4 veces se considera clase alta.

En junio, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) —que mide la indigencia— se ubicó alrededor de los $800.000 para una familia tipo, mientras que la Canasta Básica Total (CBT) —que define la línea de pobreza— superó el $1.650.000. La clase media arranca, entonces, desde aproximadamente 1,5 veces ese último valor.

El impacto de la inflación en los hogares medios

Aunque la suba del 1,8% en junio fue moderada comparada con los registros de 2023 y principios de 2024, acumula una variación interanual que supera el 50%. Esto significa que los ingresos de los hogares debieron crecer a ese ritmo solo para mantener el mismo poder adquisitivo y seguir formando parte del mismo estrato social.

"La realidad es más aburrida", como diría una colega especializada en desmentir mitos: no hay atajos mágicos. Mantener el estatus de clase media requiere que los salarios, jubilaciones o ingresos informales sigan el ritmo de los precios. Cuando no lo hacen, se produce un "empobrecimiento relativo" que empuja a familias enteras hacia la vulnerabilidad.

En el contexto porteño, donde el costo de vida es notoriamente más alto que en el interior del país, estos números pesan todavía más. Alquileres que en Palermo o Caballito superan los $600.000, colegios privados, prepagas y transporte público con tarifas que suben mes a mes terminan configurando un escenario donde "ser clase media" exige cada vez más recursos.

Qué incluye realmente esa canasta de $2,5 millones

No se trata solo de comida. La canasta ampliada contempla:

  • Alimentación variada y nutritiva (no solo lo mínimo para no pasar hambre)
  • Alquiler o cuota de vivienda digna
  • Transporte (subte, colectivo, nafta o app de movilidad)
  • Salud (prepaga o gastos médicos ocasionales)
  • Educación (cuotas de colegio, útiles, internet)
  • Servicios (luz, gas, agua, teléfono, internet)
  • Un pequeño colchón para vestimenta, recreación y ahorro

Cuando una familia queda por debajo de este umbral, no necesariamente pasa hambre, pero sí debe recortar en calidad de vida, salud preventiva, educación privada o proyectos a futuro. Es el famoso "apretarse el cinturón" que tantas familias porteñas conocen de memoria.

La perspectiva regional y las dudas que quedan

Estos datos corresponden específicamente a la Ciudad de Buenos Aires. En el Gran Buenos Aires o en el interior, los umbrales suelen ser algo más bajos, aunque la diferencia se ha acortado por la homogenización de precios de muchos bienes y servicios.

La pregunta que surge es si estos umbrales siguen reflejando la realidad de lo que significa "ser clase media" en la Argentina de 2025. Cada vez más voces plantean que la definición tradicional está quedando obsoleta, porque no incorpora el impacto del endeudamiento familiar, el acceso a bienes durables o la calidad real de los servicios públicos.

Mientras tanto, para millones de familias porteñas el desafío diario es claro: generar ingresos que al menos alcancen ese umbral de los $2,5 millones solo para no caer en la categoría de "vulnerables" o "nuevos pobres".

La realidad, una vez más, es más compleja y menos mágica que cualquier titular optimista o catastrofista. No hay superalimentos económicos ni trucos para estirar el sueldo. Hay que mirar los números de frente, entender el contexto y, sobre todo, evitar la moralización de una situación que es estructural antes que individual.

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