Economía

Se perdieron casi 30.000 empleos formales en abril: el sector privado y monotributistas explican la caída

Según datos oficiales, en abril se registraron 29.800 empleos menos. En el último año la destrucción acumulada supera los 127 mil puestos registrados, con el sector privado y monotributo como principales responsables.

Publicado el 15 de julio de 2026, 22:10 hs

Gráfico descendente de empleo formal en Argentina con barras rojas y mapa de provincias afectadas
Ámbito — Economía

El empleo formal volvió a caer en abril. Según los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), se perdieron casi 30.000 puestos de trabajo registrados en un solo mes. La cifra exacta ronda las 29.800 bajas, lo que profundiza la tendencia negativa que se viene registrando desde hace varios meses.

Este dato no sorprende del todo si se mira el panorama anual: en los últimos doce meses se destruyeron 127.893 empleos formales, lo que representa una caída del 2% respecto al stock total. Lo más preocupante es la concentración: solo seis rubros explican casi toda esa pérdida.

¿Dónde se perdieron los empleos?

Las mayores caídas se registraron en el sector privado asalariado y entre los monotributistas. El monotributo, que muchos usaban como forma de formalización, mostró una retracción significativa, probablemente ligado a la caída de la actividad económica y al aumento de costos operativos.

Por el lado de las provincias, las más afectadas fueron Tierra del Fuego, Chubut y Corrientes. En el caso de Tierra del Fuego, la industria electrónica y la baja en el consumo explican gran parte del derrumbe. Chubut sufre el impacto de la actividad petrolera y la contracción en servicios, mientras que Corrientes arrastra problemas en el sector agroindustrial y comercio.

Los seis rubros que explican casi todo

Aunque el informe no detalla los seis sectores específicos en la información preliminar, habitualmente los más golpeados en este tipo de ciclos son construcción, comercio, industria manufacturera, transporte, hotelería y gastronomía. Estos rubros son altamente sensibles a la caída del poder adquisitivo y la incertidumbre económica.

La construcción, por ejemplo, viene siendo uno de los sectores más castigados por la fuerte contracción de la obra pública y la parálisis del sector privado. El comercio minorista también refleja la retracción del consumo interno, mientras que la industria manufacturera sufre por la falta de demanda y el encarecimiento de insumos.

Qué dice el contexto macro

Esta pérdida de empleo registrado se da en un marco de fuerte ajuste fiscal, inflación aún elevada (aunque en desaceleración) y salarios que no terminan de recuperar el poder de compra perdido en los últimos años. Si bien desde el Gobierno destacan que la inflación está bajando y que se están sentando las bases para la recuperación, el mercado de trabajo sigue enviando señales de debilidad.

Los monotributistas, que representan una parte importante del tejido productivo argentino (sobre todo en servicios y profesiones independientes), están votando con los pies: muchos están migrando a la informalidad o directamente cerrando sus actividades.

¿Hay luz al final del túnel?

Algunos analistas sostienen que lo peor de la recesión ya pasó y que a partir del segundo semestre podría comenzar una recuperación gradual, aunque lenta. Sin embargo, la destrucción de empleo formal es un dato duro que tarda en revertirse. Cada puesto perdido no solo afecta el ingreso de una familia, sino también el consumo, la recaudación impositiva y la sustentabilidad del sistema previsional.

Desde el sector privado, las cámaras empresarias vienen reclamando medidas que incentiven la contratación, especialmente de pymes. Por ahora, el discurso oficial se centra en la estabilización macro como condición necesaria (aunque no suficiente) para volver a crear empleo.

En criollo

No hay atajos mágicos. Si la economía no crece, es muy difícil que se creen empleos formales de calidad. Por ahora, el ajuste está recayendo fuerte sobre los trabajadores registrados y los pequeños contribuyentes. La pregunta que queda abierta es cuánto tiempo más puede sostener el mercado laboral esta situación antes de que el daño se vuelva estructural.

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