Economía

Se acelera la destrucción de empresas: ya cerraron más de 14.000 en el último año

Con 25 meses consecutivos de caída en la cantidad de empresas empleadoras, marzo marcó el descenso más fuerte de la serie. Empresarios de distintos sectores analizan las causas y el impacto de esta tendencia.

Publicado el 28 de junio de 2026, 10:30 hs

Gráfico descendente de cierre de empresas en Argentina con fábricas y oficinas vacías
Ámbito — Economía

El resultado de marzo confirmó lo que muchos temían: la destrucción de tejido productivo se acelera. Según datos oficiales, en los últimos doce meses cerraron más de 14.000 empresas empleadoras en Argentina, y ya son 25 meses consecutivos de caídas interanuales. El dato de marzo representa, además, el descenso más pronunciado de toda la serie histórica.

Desde distintos sectores, los empresarios coinciden en que la combinación de costos elevados, caída del consumo y falta de crédito está haciendo insostenible la operación para miles de PyMEs. “No es un ajuste, es una licuación”, resume un industrial del sector metalúrgico que prefiere no identificarse. Su empresa, que empleaba a 42 personas, redujo la planta a 18 y ahora evalúa el cierre definitivo.

En el sector comercial, el panorama no es mejor. “El consumo cayó a niveles de 2002 en algunos rubros”, afirma el presidente de una cámara de retailers de indumentaria. Según sus números, en el AMBA cerraron más de 2.800 locales comerciales en los últimos 14 meses. Muchos de ellos eran negocios familiares que no sobrevivieron a la combinación de alquileres dolarizados, tarifas en dólares y ventas que no llegan a cubrir costos.

La industria de la construcción es, tal vez, una de las más golpeadas. “Estamos operando al 35% de capacidad”, dice un empresario que tiene una constructora mediana en Córdoba. “Los proyectos privados se frenaron casi por completo y la obra pública está paralizada. Ya despedimos a más del 60% del personal y no vemos una recuperación en el corto plazo”.

Desde el sector gastronómico y hotelero, el mensaje es similar. En barrios como Palermo, San Telmo y Recoleta, la cantidad de carteles de “se alquila” en locales comerciales se multiplicó. “Muchos compañeros cerraron porque los números simplemente no cerraban”, explica la dueña de un restaurante que logró sostenerse reduciendo el menú y achicando la carta de vinos. “Pero cada vez somos menos”.

Los datos no parecen tener reversa en el corto plazo. Los analistas económicos consultados coinciden en que la recesión se profundiza y que la destrucción de empresas está dejando un vacío que será difícil de llenar cuando eventualmente llegue la recuperación. Cada empresa que cierra no solo implica pérdida de empleo formal, sino también de conocimiento, de redes de proveedores y de capacidad productiva instalada.

Desde el Gobierno, sin embargo, sostienen que se trata de un “saneamiento” necesario. Argumentan que muchas de las empresas que cierran eran inviables incluso antes de la devaluación y que el ajuste fiscal y monetario es condición para estabilizar la economía. Pero para los que están del otro lado del mostrador, la frase “se están yendo las que tenían que irse” suena como una burla.

“Yo no era una empresa inviable”, cuenta la dueña de una distribuidora de insumos médicos que cerró sus puertas en febrero después de 28 años de actividad. “Tenía clientes, tenía stock, tenía equipo. Lo que no tenía era rentabilidad. Cuando los costos te suben un 180% y tus precios no te siguen, simplemente te quedás sin capital de trabajo”.

El fenómeno no es homogéneo. Hay sectores que resisten mejor: las empresas exportadoras, algunas ramas de tecnología y servicios basados en el conocimiento, y unos pocos nichos de consumo premium. Pero la mayoría de la economía argentina —la que produce para el mercado interno— está sufriendo un ajuste de magnitud histórica.

La pregunta que queda flotando es qué quedará cuando pase la tormenta. ¿Habrá capacidad productiva suficiente para absorber la recuperación cuando (y si) llega? ¿O estaremos ante una economía más chica, más concentrada y con menos empleo formal?

Por ahora, los números siguen pintando un panorama sombrío. Y cada mes que pasa con caídas interanuales, el tejido productivo se deshilacha un poco más.

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