Economía

Salarios: la mitad de los argentinos se considera de clase baja y 9 de cada 10 perdió contra la inflación

Un relevamiento reveló que el 50,2% se autopercibe de clase baja, el 86,1% afirma que sus ingresos no siguen el ritmo de los precios y seis de cada diez hogares no llegan a fin de mes.

Publicado el 13 de julio de 2026, 12:05 hs

Persona contando billetes de pesos argentinos en una mesa con facturas y una calculadora
Ámbito — Economía

Un nuevo relevamiento sobre la percepción de los salarios en la Argentina confirma lo que muchas familias ya sienten en el día a día: la brecha entre ingresos y costo de vida se sigue agrandando.

Según el estudio, el 50,2% de la población se considera de clase baja, un dato que refleja no solo una realidad económica sino también un cambio en cómo los argentinos se ubican socialmente. Al mismo tiempo, el 86,1% asegura que sus ingresos no logran seguir el ritmo de la inflación, mientras que seis de cada diez hogares admiten que no llegan con el sueldo hasta fin de mes.

Estos números no surgen de un informe oficial del INDEC sino de una encuesta privada que capta la autopercepción y la sensación térmica de los trabajadores. Y en un país donde la inflación acumulada de los últimos años ha sido de las más altas del mundo, esa sensación tiene bases concretas.

El impacto en la clase media

Tradicionalmente, la clase media argentina fue el motor del consumo y la estabilidad social. Hoy, una parte importante de ese estrato se siente empujada hacia abajo. El 50,2% que se autopercibe como clase baja es un récord en términos de autoidentificación negativa.

El dato del 86,1% que perdió contra la inflación es aún más elocuente. Significa que, para la inmensa mayoría, el poder adquisitivo se deterioró. Aunque en los últimos meses la inflación mensual bajó, la recuperación de los salarios reales viene con rezago. Los ajustes paritarios, aunque altos en términos nominales, rara vez compensan la pérdida acumulada.

Seis de cada diez no llegan a fin de mes

Otro número preocupante es que seis de cada diez hogares no logran cubrir todos los gastos con el ingreso principal. Esto obliga a muchas familias a recurrir a trabajos extras, endeudamiento con tarjetas o simplemente recortar gastos esenciales como alimentación, salud o educación.

En criollo: la gente está haciendo malabares. Muchos redujeron la carne, postergaron arreglos en la casa, eligieron transporte público en vez de usar el auto o directamente dejaron de comprar ropa y tecnología. El “ahorro” ya no es guardar para el futuro, sino estirar lo que hay hasta el próximo sueldo.

¿Qué dice la evidencia más allá de la percepción?

Los datos de autopercepción coinciden con mediciones más duras. Según consultoras privadas y el propio INDEC, el salario real del sector privado registrado cayó fuertemente durante 2023 y recién en los últimos meses mostró una leve recuperación. En el sector informal y en los monotributistas la situación es aún más complicada.

Además, el aumento de precios de alimentos —que representa más del 30% de la canasta básica— impacta de lleno en los hogares de menores ingresos. Cuando el pan, la leche o la carne suben por encima del promedio general, los que menos ganan son los más afectados.

Las consecuencias a largo plazo

Esta pérdida persistente de poder adquisitivo no solo genera estrés financiero inmediato. También afecta la salud mental, posterga proyectos familiares, reduce la inversión en educación y erosiona la cohesión social. Cuando la mitad del país se siente de clase baja, el concepto mismo de movilidad social se pone en duda.

Desde el punto de vista económico, un mercado interno debilitado por falta de poder de compra también frena la reactivación. Las pymes que venden al consumidor final son las primeras en sentirlo.

Qué se puede hacer desde lo individual

Aunque el contexto macro depende de políticas públicas, hay algunos hábitos que ayudan a amortiguar el golpe:

  • Llevar un registro detallado de gastos para identificar fugas innecesarias.
  • Priorizar compras de alimentos frescos y de estación en lugar de productos procesados.
  • Buscar formas de generar ingresos adicionales que no requieran gran inversión inicial.
  • Evitar el endeudamiento en cuotas con altas tasas de interés.

Sin embargo, estas medidas son paliativas. El problema de fondo es estructural y requiere que los salarios recuperen terreno de manera sostenida, algo que hasta ahora no ha ocurrido para la mayoría.

La realidad es más dura de lo que muchos informes oficiales quieren mostrar: nueve de cada diez argentinos siente que perdió contra la inflación. Ignorar esa percepción no la hace desaparecer. Al contrario, la agranda.

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