Salario mínimo: cayó 40% en poder de compra desde 2023 y complica la canasta básica
Un informe revela que el salario mínimo perdió casi la mitad de su valor real en dos años. Analizamos cuánto poder adquisitivo se perdió para comprar alimentos básicos, leche, pan, carne y otros productos esenciales de la canasta familiar.
El salario mínimo, vital y móvil (SMVM) en Argentina sufrió una caída real de alrededor del 40% desde 2023, según un informe reciente de organismos sociales y centros de estudios. Esta pérdida de poder adquisitivo se traduce directamente en la capacidad de las familias para cubrir la canasta básica de alimentos y servicios esenciales.
Vamos por partes. En criollo: si en 2023 con un salario mínimo podías comprar determinada cantidad de leche, carne, pan y verduras, hoy con el mismo sueldo (ajustado por inflación) alcanzás mucho menos. El deterioro no es abstracto, se siente en la mesa todos los días.
El informe, que cruza datos del INDEC con la evolución del SMVM, muestra que el poder de compra sobre la canasta básica alimentaria (CBA) se redujo drásticamente. Productos como la leche, el pan francés, el arroz, los huevos y cortes populares de carne son los que más impacto sufrieron en términos relativos.
Cuánto se perdió en cada alimento básico
Tomando como base los precios promedio de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano (los más actualizados), un salario mínimo en enero de 2023 alcanzaba para comprar aproximadamente 45 litros de leche. Hoy, con el SMVM vigente, apenas llega a 27 litros. Es una caída de casi 40%.
Con el pan, la historia es parecida: antes comprabas 180 kilos de pan por mes con un salario mínimo; ahora no llegás a 110 kilos. El arroz y los fideos secos también muestran caídas cercanas al 35-38% en volumen.
La carne, uno de los pilares de la dieta argentina, es donde más se nota el golpe. Un salario mínimo hoy permite comprar entre 35% y 42% menos carne picada o cortes económicos como el roast beef o la falda, según el mes analizado. Los huevos, que habían sido un refugio proteico accesible, también subieron fuerte y redujeron su accesibilidad en un 32%.
No solo comida: servicios y otros gastos
El deterioro no se limita a los alimentos. El informe también mide el impacto en servicios básicos. El transporte público, la electricidad y el gas muestran aumentos por encima de la inflación oficial en algunos bimestres, lo que agrava la pérdida de poder adquisitivo del salario mínimo.
En términos prácticos, una familia que depende del SMVM hoy destina más del 70% de sus ingresos solo a cubrir la canasta básica alimentaria. Hace dos años esa proporción estaba cerca del 45%. El margen para todo lo demás (transporte, salud, educación, vestimenta) se achicó dramáticamente.
Origen del derrumbe
Esta caída se explica por la combinación de una inflación que acumuló más del 200% en el período con actualizaciones del salario mínimo que, aunque existieron, quedaron sistemáticamente por debajo de la suba de precios. Los ajustes por decreto o paritarias no alcanzaron a compensar la velocidad con la que subieron los alimentos.
Acá es donde se complica: los alimentos no suben todos al mismo ritmo. Los más básicos (harina, leche, huevos) tuvieron aumentos incluso superiores al promedio de la canasta, afectando más a quienes menos tienen.
Qué significa esto en la vida real
La realidad es más aburrida y más dura de lo que parece en los titulares. No se trata solo de “ajustes macro”. Se trata de familias que hoy comen menos carne, reemplazan lácteos por opciones más baratas y a veces directamente reducen el número de comidas.
Los especialistas consultados coinciden en que esta pérdida sostenida de poder adquisitivo del salario mínimo no solo afecta la nutrición inmediata, sino que genera un círculo vicioso: menor consumo, menor actividad económica, más presión sobre los precios relativos de los básicos.
¿Hay salida a corto plazo?
Desde los organismos que elaboraron el informe piden una revisión urgente de la fórmula de actualización del SMVM que incorpore de forma más directa la evolución real de los precios de la canasta básica. Mientras tanto, las organizaciones sociales y comedores comunitarios siguen sosteniendo parte de la demanda alimentaria que el salario ya no cubre.
Esto no significa que el salario mínimo sea la única variable. El empleo registrado, las paritarias sectoriales y las políticas de precios también juegan. Pero cuando la base misma del piso salarial pierde 40% de su valor real en dos años, el impacto es sistémico.
La conclusión es clara aunque incómoda: recuperar el poder de compra del salario mínimo no es solo una cuestión de números. Es la diferencia entre poder comer con dignidad o tener que elegir qué comer cada día.