Reforma del BCRA: el punto clave de la ley peruana que Milei quiere replicar
El Gobierno busca modificar la Carta Orgánica del Banco Central para eliminar una restricción incorporada en 2012 durante la gestión de Mercedes Marcó del Pont. La idea es inspirarse en una reforma peruana que prioriza la estabilidad monetaria.
El Gobierno de Javier Milei avanza con una reforma a la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA) que tiene un punto muy específico en la mira: eliminar una modificación que se introdujo en 2012 durante la presidencia de Mercedes Marcó del Pont.
Esa reforma de hace más de una década amplió los objetivos del BCRA más allá de la estabilidad de la moneda, incorporando mandatos como promover el empleo, el desarrollo económico y la equidad social. Para muchos economistas, eso diluyó el foco principal de un banco central: cuidar el valor del peso y anclar las expectativas inflacionarias.
Ahora, el Ejecutivo busca replicar el espíritu de una ley peruana que, según fuentes oficiales, demostró ser efectiva para controlar la inflación y generar previsibilidad. En Perú, la reforma de su carta orgánica priorizó de manera clara y casi exclusiva el objetivo de estabilidad monetaria, limitando las facultades del banco central para financiar al Tesoro o intervenir en otros ámbitos.
¿Qué cambiaba exactamente la reforma del 2012?
Antes de 2012, la Carta Orgánica del BCRA era más restrictiva respecto a la posibilidad de que la autoridad monetaria financiara al Gobierno. La gestión de Marcó del Pont impulsó una modificación que habilitaba al BCRA a comprar títulos públicos sin límite explícito y a perseguir múltiples objetivos simultáneos. Esa ampliación de facultades fue criticada por economistas ortodoxos, que la señalaron como uno de los factores que facilitaron la emisión descontrolada y la posterior espiral inflacionaria.
La propuesta que ahora impulsa el equipo económico de Milei apunta a revertir esa ampliación. El objetivo es volver a un mandato más acotado, similar al que rige en países con bancos centrales más independientes y con historiales de menor inflación crónica.
La experiencia peruana como espejo
Perú reformó su sistema monetario en las décadas de 1990 y 2000, estableciendo un banco central con mandato único y claro: preservar la estabilidad de la moneda. Esa reforma limitó drásticamente la capacidad del Banco Central de Reserva del Perú para financiar gasto público y lo obligó a actuar con instrumentos de política monetaria más ortodoxos.
El resultado, según datos del FMI y del propio Banco Mundial, fue una reducción sostenida de la inflación, mayor credibilidad institucional y una economía que logró crecer con menor volatilidad cambiaria. Para los funcionarios argentinos que viajan a Lima en busca de inspiración, el caso peruano demuestra que un banco central con objetivos claros y limitados genera más confianza que uno con una lista extensa de metas sociales.
¿Qué significa esto para la Argentina de 2025?
Si la reforma se aprueba, el BCRA perdería formalmente la obligación legal de perseguir el pleno empleo o el desarrollo productivo. Su única meta explícita volvería a ser la estabilidad de precios. Eso no elimina la posibilidad de que en la práctica el Gobierno coordine políticas, pero sí cambia el marco legal y, potencialmente, las expectativas de los agentes económicos.
Economistas consultados coinciden en que el cambio por sí solo no resuelve la inflación si no viene acompañado de disciplina fiscal. Sin embargo, puede ser un paso importante para reconstruir la credibilidad de la autoridad monetaria, especialmente de cara a un eventual proceso de dolarización o de convertibilidad que Milei ha mencionado en distintas oportunidades.
Los riesgos y las críticas
Desde la oposición y parte del peronismo, la iniciativa es vista como un retroceso. Argumentan que quitarle al BCRA objetivos de desarrollo y empleo lo convierte en una herramienta más rígida, menos sensible a la realidad social argentina. Dicen que en un país con alta informalidad y desigualdad, un banco central “ciego” a esos problemas puede agravar las crisis.
El Gobierno responde que, precisamente, la falta de un ancla monetaria clara es lo que ha generado décadas de inflación y pobreza. Para ellos, la reforma peruana no es dogma neoliberal sino pragmatismo: un banco central que sabe cuál es su único trabajo termina siendo más útil para toda la sociedad.
La discusión está recién empezando en el Congreso. Si se aprueba, será una de las modificaciones institucionales más relevantes del actual gobierno. No resolverá la inflación de un día para el otro, pero puede sentar un precedente legal que dure más allá de esta gestión.
En criollo: cambiar la Carta Orgánica no es magia, pero sí es una forma de admitir que el mandato difuso de los últimos años no funcionó. Veremos si la receta peruana, adaptada al contexto argentino, logra mejores resultados.