Economía

Por qué la brecha entre préstamos personales y plazos fijos es la más alta en 14 años

Con préstamos al 66% anual, plazos fijos al 21% y una inflación esperada del 22,3%, la diferencia entre lo que pagan los bancos y lo que cobran es récord. Qué está pasando en el mercado financiero argentino.

Publicado el 29 de julio de 2026, 09:00 hs

Banco Central de la República Argentina en 2016

La brecha entre la tasa de los préstamos personales y el rendimiento de los plazos fijos alcanzó su nivel más alto en los últimos 14 años. Según datos del Banco Central, los préstamos personales se ofrecen en promedio al 66% nominal anual, mientras que los plazos fijos rinden alrededor del 21%. La inflación esperada para los próximos 12 meses, según el REM, se ubica en 22,3%.

Esta diferencia de más de 44 puntos porcentuales genera una pregunta obvia: ¿por qué los bancos no bajan las tasas de los créditos si los rendimientos que pagan por los depósitos son tan bajos? La respuesta tiene varias capas y refleja el estado actual del sistema financiero argentino.

El contexto de tasas reales

En criollo, los plazos fijos hoy rinden apenas por encima de la inflación proyectada (21% vs 22,3%). Eso significa que, en términos reales, el ahorrista pierde un poquito de poder adquisitivo. Del otro lado, quien toma un préstamo personal paga una tasa real que supera el 35% anual. Una brecha histórica.

Esta situación no es casualidad. Los bancos están operando en un escenario de alta liquidez, con depósitos que crecen y poca demanda de crédito. Según datos del BCRA, la mora en préstamos personales viene bajando pero sigue siendo elevada en comparación con niveles prepandemia. El riesgo de default sigue siendo un factor clave a la hora de fijar tasas.

Por qué no bajan las tasas de los préstamos

Hay varios motivos estructurales. Primero, los bancos tienen costos operativos fijos altos y necesitan mantener un margen financiero que les permita cubrirlos. Segundo, el crédito al consumo en Argentina siempre fue caro por el riesgo percibido: la volatilidad económica, la inflación y la inestabilidad cambiaria hacen que prestar plata sea un negocio riesgoso.

Tercero, y no menor, está la competencia limitada. Aunque aparecieron fintechs y bancos digitales que prometían tasas más bajas, su penetración en el segmento de préstamos personales sigue siendo acotada. La mayoría de los tomadores de crédito siguen yendo a los bancos tradicionales, que mantienen tasas elevadas.

El impacto en familias y pymes

Para las familias, esta brecha significa que seguir endeudándose para consumo es una opción cada vez menos atractiva. Con tasas reales tan altas, tomar un préstamo personal solo tiene sentido en casos de emergencia o para inversiones que generen un retorno claramente superior.

En el caso de las pequeñas y medianas empresas, la situación es similar. Muchas terminan recurriendo al financiamiento informal o a proveedores antes que pagar 66% anual. Esto frena el consumo y la inversión, dos motores clave para reactivar la economía.

Qué puede pasar de acá en adelante

Los analistas esperan que, si la inflación sigue bajando y el Banco Central mantiene su política de tasas, la brecha debería comenzar a comprimirse en los próximos meses. Sin embargo, los bancos son conservadores: suelen bajar las tasas de crédito con mucho retraso respecto de la baja de tasas de política monetaria.

Por ahora, la recomendación para los ahorristas es clara: los plazos fijos tradicionales ofrecen poco y nada en términos reales. Las opciones en UVA o los fondos comunes de inversión (especialmente los T+0 y money market) están rindiendo mejor, aunque con algo más de riesgo.

Para quien necesite financiamiento, la cuenta es sencilla: evaluar si el proyecto o la necesidad justifica pagar una tasa real de más del 35% anual. En la mayoría de los casos, la respuesta es no.

La brecha récord de 14 años es, en definitiva, un síntoma de un sistema financiero que todavía no termina de creer del todo en la estabilización. Hasta que la inflación baje de forma sostenida y la demanda de crédito se recupere, los bancos van a seguir cobrando caro por prestar y pagando poco por los depósitos. Es la misma lógica de siempre, solo que ahora con números más extremos.

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