Por qué crece el pluriempleo en la Argentina: el dato que revela la crisis
Más de 206.000 trabajadores porteños tienen más de un empleo, un 13% del total. El fenómeno se expande en todo el país por salarios que no alcanzan y la necesidad de complementar ingresos.
El último dato del INDEC sobre el mercado laboral en la Ciudad de Buenos Aires es claro y preocupante: 206.000 personas tienen más de un empleo. Representan el 13% de los ocupados, un aumento de 4,8 puntos porcentuales en solo un año.
Este fenómeno, conocido como pluriempleo, ya no es una excepción ni una elección de carrera. Se convirtió en una estrategia de supervivencia para miles de familias que ven cómo un solo sueldo no alcanza para cubrir los gastos básicos.
Qué revelan los números
Según la Encuesta Permanente de Hogares, el segundo empleo suele ser de entre 15 y 20 horas semanales. La mayoría lo realiza en el sector servicios, comercio o delivery. El ingreso adicional ronda entre $180.000 y $300.000 mensuales, dependiendo del rubro y la cantidad de horas.
En criollo: mucha gente está trabajando 50, 60 o más horas por semana para llegar a fin de mes. Y no es solo en CABA. Fuentes del Ministerio de Trabajo y consultoras privadas estiman que el pluriempleo creció en todo el país entre 3 y 6 puntos en los últimos 18 meses, aunque los datos nacionales son más difíciles de capturar.
Las causas estructurales
El principal motor es obvio: los salarios reales perdieron poder adquisitivo frente a una inflación que, aunque bajó, sigue siendo alta. Un empleado en relación de dependencia formal promedio en la Ciudad cobra alrededor de $650.000 netos. Con el alquiler de un monoambiente que supera los $400.000 y la canasta básica familiar cerca de $1.100.000, la cuenta no cierra.
A eso se suma la devaluación del poder de compra de los salarios registrados y la creciente informalidad en los segundos trabajos. Muchos de esos empleos adicionales se hacen sin aportes, sin vacaciones y con horarios rotativos que complican la vida familiar.
Quiénes son los pluriempleados
El perfil más común es de varones y mujeres de entre 30 y 45 años, con estudios secundarios completos o terciarios. Muchos son empleados administrativos, docentes, personal de salud o trabajadores del sector comercial que buscan un segundo ingreso en plataformas de delivery, freelancing o atención al cliente remota.
Las mujeres, en particular, suelen sumar horas en tareas de cuidado, limpieza o ventas online, muchas veces desde sus casas. El pluriempleo se vuelve una forma de compensar la brecha salarial de género que todavía persiste.
El costo oculto
Más allá de los números, hay un costo que no aparece en las estadísticas: el agotamiento físico y mental. Dormir menos, pasar menos tiempo con la familia, postergar la salud. Un estudio reciente de la Universidad de Buenos Aires sobre salud laboral mostró que los pluriempleados tienen 42% más chances de reportar síntomas de burnout y problemas de sueño.
Además, el pluriempleo masivo termina distorsionando el mercado de trabajo. Empresas que no pueden o no quieren pagar salarios competitentes terminan dependiendo de una fuerza laboral sobreexplotada que acepta condiciones precarias para sumar el segundo o tercer ingreso.
¿Se puede revertir?
La solución estructural pasa por recuperar el poder adquisitivo de los salarios, algo que requiere crecimiento económico sostenido, baja de inflación y políticas activas de empleo. Mientras tanto, el pluriempleo seguirá siendo la válvula de escape que eligieron miles de argentinos para no caer en la pobreza.
En un contexto donde el “salario digno” se convirtió en un concepto abstracto, tener dos trabajos ya no es una opción. Es la nueva normalidad para una parte cada vez más grande de la clase media y media-baja.
La realidad es más cruda de lo que muchos quieren admitir: cuando un solo empleo no alcanza para vivir, el problema no está en la gente que busca un segundo trabajo. El problema está en un modelo que hace que sea necesario.