Economía

Por primera vez, más bancos centrales planean reducir sus reservas en dólares

Una encuesta global reveló que, por primera vez, más entidades monetarias piensan bajar su tenencia de dólares que aumentarla. El oro, la IA y los mercados emergentes ganan terreno en medio de la incertidumbre geopolítica.

Publicado el 30 de junio de 2026, 12:45 hs

Banco central con banderas de diferentes países y monedas de oro apiladas
Ámbito — Economía

Por primera vez en la historia de la encuesta que realiza el banco suizo UBS junto a Invesco, más bancos centrales planean reducir sus reservas en dólares estadounidenses que aumentarlas en los próximos 12 a 24 meses.

El dato no es menor. Durante décadas, el dólar fue el activo de reserva indiscutido. Hoy, en un contexto de creciente incertidumbre política y geopolítica, esa preferencia comienza a erosionarse.

La encuesta, que consultó a 60 bancos centrales que administran más de 2 billones de dólares en reservas, muestra que el 29% planea aumentar su exposición al dólar, mientras que el 31% planea reducirla. Es la primera vez que la balanza se inclina hacia la baja.

¿Por qué está pasando esto?

Los motivos que mencionan los propios bancos centrales son variados: diversificación, preocupación por la sostenibilidad de la deuda estadounidense, impacto de las sanciones a Rusia y un deseo de reducir la dependencia de un solo emisor. Aunque el dólar sigue siendo, por amplio margen, la moneda más importante en las reservas (representa cerca del 58% según el FMI), su dominio ya no parece tan inquebrantable.

El oro vuelve a brillar

En paralelo, el oro consolidó su lugar como el activo favorito para aumentar. El 81% de los encuestados dijo que espera aumentar su tenencia de oro en los próximos años. No es casualidad: el metal dorado se comporta como refugio en tiempos de tensión geopolítica y funciona como cobertura contra la inflación y la devaluación de las monedas fiduciarias.

En la Argentina lo sabemos bien: cuando la confianza en las instituciones monetarias locales se derrumba, la gente corre al dólar. Cuando el dólar también genera dudas a nivel global, muchos bancos centrales corren al oro.

La irrupción de la inteligencia artificial

Uno de los datos más sorprendentes de la encuesta es el creciente interés de los bancos centrales en la inteligencia artificial. No como activo de reserva, claro, sino como herramienta para gestionar esas reservas.

Casi la mitad de los participantes dijo que planea usar IA y machine learning para optimizar la gestión de portafolios, predecir movimientos de mercado y mejorar la eficiencia operativa. Es un cambio cultural importante para instituciones tradicionalmente conservadoras y lentas para adoptar tecnología.

Mercados emergentes, la otra cara de la moneda

Los bancos centrales también mostraron mayor disposición a aumentar su exposición a monedas de mercados emergentes. China, por supuesto, lidera esa tendencia con el yuan, pero también hay interés en monedas de India, Brasil y otros países con fundamentos macroeconómicos más sólidos que hace una década.

Esto marca un cambio gradual hacia un sistema monetario internacional más multipolar, aunque todavía estamos lejos de que el dólar pierda su estatus de moneda reserva dominante.

¿Qué significa esto para los inversores comunes?

Aunque la mayoría de las personas no maneja reservas de miles de millones, estos movimientos institucionales terminan filtrándose al mercado. Cuando los bancos centrales compran oro de forma sostenida, el precio tiende a subir. Cuando diversifican hacia otras monedas o activos, generan oportunidades (y riesgos) en esos mercados.

En un mundo cada vez más interconectado, lo que hacen los bancos centrales afecta las tasas de interés, el tipo de cambio y, en última instancia, el poder adquisitivo de nuestros salarios y ahorros.

La realidad es más aburrida que las teorías conspirativas sobre el “fin del dólar”. No estamos ante un colapso inminente, sino ante un rebalanceo gradual y prudente. Pero ese rebalanceo es real y parece haberse acelerado en los últimos dos años.

Como siempre en economía, la clave está en no poner todos los huevos en la misma canasta. Los bancos centrales lo están entendiendo. Quizás sea un buen momento para que los inversores minoristas también lo consideren, sin extremismos ni pánicos innecesarios.

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