Plataformas laborales: la 'uberización' avanza pero ya muestra señales de saturación
La economía de plataformas absorbió parte del empleo expulsado por la recesión, pero el exceso de oferta de trabajadores está presionando las tarifas a la baja y extendiendo los tiempos de espera. ¿Hay límite real para seguir creciendo?
La "uberización" del empleo no es un fenómeno nuevo en Argentina, pero se aceleró notablemente desde diciembre de 2023. Según datos del Ministerio de Trabajo y estimaciones privadas, la cantidad de personas activas en plataformas de delivery, transporte y servicios freelance creció más de 25% en los últimos 18 meses. El combo de alta inflación, ajuste fiscal y caída del empleo formal empujó a miles de argentinos a buscar ingresos rápidos en Rappi, PedidosYa, Uber, DiDi o Workana.
Sin embargo, lo que parecía una válvula de escape infinita está empezando a mostrar sus límites. Conductores y repartidores reportan caídas de entre 30% y 50% en la cantidad de viajes o pedidos por jornada. El tiempo de espera entre un servicio y otro se duplicó en muchas zonas de CABA y el GBA. Las tarifas base se mantienen estancadas mientras suben los costos de combustible, mantenimiento y comisiones de las apps.
El exceso de oferta ya es visible
En criollo: hay más manos que viajes. Durante la pandemia, las plataformas se llenaron de trabajadores porque la demanda de delivery explotó. Después, muchos se quedaron porque no encontraron otra cosa. Ahora, con la recesión que expulsó empleo de la construcción, el comercio y la industria, el goteo se convirtió en una avalancha.
Un relevamiento informal de repartidores en grupos de WhatsApp y Telegram muestra que en Palermo, Caballito o Vicente López es común esperar 40 o 50 minutos entre un pedido y otro. Hace dos años, ese tiempo era de 10 a 15 minutos. Lo mismo ocurre con los choferes de Uber y Cabify en horarios pico: la competencia entre vehículos hace que muchos terminen trabajando más horas para ganar lo mismo (o menos).
¿Cuánto puede absorber realmente la economía de plataformas?
La respuesta corta es: menos de lo que muchos creen. Las plataformas no crean empleo neto de forma indefinida. Funcionan como un mercado de dos caras: necesitan equilibrio entre oferta de trabajadores y demanda de usuarios. Cuando la oferta crece demasiado rápido, el sistema se desequilibra y las ganancias por hora caen.
Un estudio de la Universidad de San Andrés del año pasado ya advertía que en la Argentina el ingreso promedio por hora trabajada en delivery había bajado un 18% en términos reales entre 2021 y 2023. Datos más recientes de consultoras privadas hablan de una caída adicional del 12% en lo que va de 2025. Es decir, se trabaja más para ganar menos.
La precarización no es solo un discurso
Más allá de las discusiones ideológicas, los números duros muestran que la mayoría de estos trabajadores no tienen aportes jubilatorios, cobertura por ART (o la pagan de su bolsillo), vacaciones pagas ni aguinaldo. Muchos combinan dos o tres plataformas para llegar a fin de mes. El típico perfil actual es un hombre de entre 25 y 45 años, con estudios secundarios completos, que antes trabajaba en relación de dependencia.
El gobierno de Milei ha destacado públicamente el crecimiento de las apps como una señal de dinamismo y flexibilidad laboral. Pero economistas de distintas corrientes coinciden en que este tipo de empleo no sustituye al empleo formal de calidad. Sirve como colchón, sí. Como solución estructural, no.
¿Hay margen para seguir creciendo?
Depende de dos variables que hoy no están a favor: el poder adquisitivo de los usuarios y la inversión de las plataformas. Si la gente deja de pedir delivery porque le sale caro, la demanda cae. Si las empresas deciden invertir menos en subsidios e incentivos para nuevos repartidores (como ocurrió en 2024), la máquina se frena.
Además, las regulaciones que se están discutiendo en varios países —y que en Argentina todavía están en pañales— podrían cambiar las reglas de juego. En Europa y algunas ciudades de Estados Unidos ya se reconoce a los repartidores como trabajadores dependientes con derechos mínimos. Eso elevaría los costos para las plataformas y, probablemente, reduciría la cantidad de puestos disponibles.
Qué significa esto para quien está pensando en subirse
Si estás considerando sumarte a una plataforma como ingreso principal o complementario, la recomendación basada en evidencia es clara: calculá bien los costos reales (combustible, mantenimiento, teléfono, depreciación del vehículo, comisiones). Muchos terminan trabajando 10 o 12 horas para terminar ganando menos que un sueldo mínimo una vez descontados los gastos.
La realidad es más aburrida: las plataformas son una herramienta útil en momentos de transición, pero no reemplazan un mercado de trabajo formal y estable. Mientras la economía no repunte de verdad, el exceso de oferta va a seguir presionando hacia abajo las condiciones laborales.
Y eso, más que una opinión, es lo que están contando en la calle los que salen todos los días con la mochila o el auto a buscar un viaje.