Economía

Morosidad en Argentina: podría mejorar hasta inicios de 2027 y luego empeorar por la incertidumbre electoral

Daniel Zaga, economista jefe de Deloitte Spanish Latin America, analiza el aumento de la morosidad como un síntoma de la transición macroeconómica. Advierte que los salarios reales podrían recuperarse levemente hasta principios de 2027, pero el año electoral tensionaría el escenario.

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El fuerte aumento de la morosidad en Argentina no representa todavía un problema macroestructural, aunque sí refleja las dificultades para que la estabilización económica llegue al conjunto de la sociedad. Así lo planteó Daniel Zaga, economista en jefe de Deloitte Spanish Latin America, en diálogo con Ámbito Financiero.

Según el especialista, la morosidad podría mejorar hasta inicios de 2027 si los salarios nominales logran crecer por encima de la inflación, pero luego empeoraría por temas políticos vinculados al calendario electoral. “La morosidad podría mejorar hasta principios de 2027 y luego empeorar por temas políticos”, resumió Zaga.

El economista destacó los avances del programa económico en materia fiscal, cambiaria y de reservas. “A nivel macro se hizo casi todo lo que se tenía que hacer”, afirmó. Sin embargo, el gran desafío pendiente es que esos logros se traduzcan en el bolsillo de la gente, en el empleo y en los salarios. Para eso, reclamó una política de desarrollo productivo que acompañe la transición.

Cambios inéditos en la macroeconomía argentina

Zaga subrayó que en Argentina se están produciendo cambios macroeconómicos inéditos en los últimos 100 años. Más allá de la política, mencionó el potencial de Vaca Muerta, la minería y el cobre como recursos que pueden fortalecer la macro. Además, cambió el ancla inflacionaria: ya no es principalmente cambiaria, sino fiscal.

“Después de las hiperinflaciones, los gobiernos usaban un tipo de cambio fijo o semifijo. Ahora el ancla principal es fiscal”, explicó. Recordó que en la convertibilidad hubo ancla cambiaria sin responsabilidad fiscal y terminó estallando. El problema actual, según él, son los tiempos políticos: cuatro años pueden ser pocos para que el cambio derrame sobre toda la población.

Desde afuera, se observa una caída del riesgo país, estabilidad cambiaria y mayores reservas. Sin embargo, la actividad económica crece poco. Hasta mayo de 2026, la economía acumuló un 1,7%, por debajo de las proyecciones de las consultoras. La inflación recién estaría empatando los aumentos salariales y la situación sigue siendo difícil para gran parte de la sociedad.

Recuperación salarial moderada y margen electoral acotado

Respecto de la recuperación de los salarios de cara a 2027, Zaga la describió como moderada. Tras bajar la inflación de más de 200% interanual a menos de 2% mensual, todavía quedan tarifas y precios rezagados por liberar. Espera que la inflación caiga por debajo de los aumentos nominales y permita cierta recuperación del salario real.

“Pero hay poco tiempo: a partir de marzo del próximo año, como máximo, empieza la incertidumbre y el tipo de cambio puede subir un poco”, advirtió. Eso deja, a partir de agosto de 2026, apenas medio año para lograr resultados palpables que permitan sostener el programa más allá de diciembre.

El economista reconoció que la apertura de importaciones impactó en la industria manufacturera, que acumula una contracción de casi 3% en lo que va del año. Energía y minería compensan parte de esa caída, pero no generan tanto empleo. El desempleo subió levemente al 7,8% en el primer trimestre de 2026.

La necesidad de una política de desarrollo productivo

Zaga insistió en la importancia de una política de desarrollo productivo de corto, mediano y largo plazo. No se trata de volver a una “política industrial” entendida como subsidios masivos o producir todo localmente, sino de identificar industrias clave que generen empleo, promover la concertación entre sector público, privado, terciario y universidades, y focalizarse en el agro, las nuevas industrias y el sector de servicios, que ya representa la mayoría del empleo.

Comparó el modelo argentino en transición con el de Chile, Perú, Canadá o Australia: economías que se apoyan fuertemente en commodities y complementan con un sector terciario fuerte. “La liberalización era muy necesaria, pero debe hacerse con cuidado porque el desempleo puede subir mucho y políticamente también podés tener un golpe”, señaló.

Morosidad: consecuencia de la reestructuración macro

Sobre la morosidad específicamente, Zaga aclaró que no la ve como un problema macroestructural, sino como un reflejo de que los beneficios macro no están permeando a toda la sociedad. Históricamente, la depreciación de la moneda licuaba las deudas; ahora, con inflación baja, los créditos tienen un peso real mayor.

La morosidad de las familias en entidades financieras está en 12,7%, pero en billeteras virtuales y otros prestadores no bancarios llega al 33%. Esto se explica por la alta informalidad (superior al 55%) y el acceso de trabajadores de bajos ingresos a créditos con tasas más altas y menos requisitos.

“Es probable que esas tasas de morosidad se mantengan de acá a las elecciones, con alguna mejora en algunos meses y luego un nuevo deterioro”, pronosticó. Podría mejorar hasta principios de 2027 con salarios creciendo por encima de la inflación, pero desde marzo o abril volvería a tensionarse por la incertidumbre electoral. Si hay continuidad de cuatro años más, recién ahí se podrá evaluar si se trata de algo estructural.

Zaga también anticipó que la discusión cambiaria volverá a estar en el centro hacia mediados de 2027. Si el tipo de cambio queda bajo presión, es probable que suban las tasas de interés, lo que volvería a impactar en la morosidad.

Según Ámbito, el economista cree que el apoyo de Estados Unidos seguirá siendo relevante en tiempos de incertidumbre electoral, y que el país debe pensar también en clave geopolítica.

En síntesis, el mensaje de Zaga es claro: la macro se estabilizó, pero falta que el micro derrame. Sin una política de desarrollo productivo clara y con los tiempos políticos acotados por las elecciones, la mejora en la morosidad y en el bolsillo de la gente corre el riesgo de ser efímera.

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