Los mercados ya subieron las tasas: es la hora de Kevin Warsh para revalidar sus credenciales de halcón
Con la inflación volviendo a presionar y los bonos del Tesoro descontando un endurecimiento, la Fed enfrenta una decisión clave. El nuevo presidente del banco central, Kevin Warsh, debe demostrar que sus credenciales de halcón no fueron solo retórica.
La inflación en Estados Unidos volvió a mostrar señales de que no está dispuesta a bajar sin pelea. Los últimos datos de precios al consumidor y productor, junto con un mercado laboral que sigue ajustado, pusieron nuevamente al tema en el centro de la agenda. Y los mercados financieros ya tomaron nota: los rendimientos de los bonos del Tesoro subieron con fuerza, anticipando que la Reserva Federal no tendrá margen para ser complaciente.
En este contexto, el foco está puesto en Kevin Warsh, quien asumió como presidente de la Fed hace pocos meses. Warsh, conocido por su postura hawkish durante sus años como gobernador, enfrenta ahora su primer test real de credibilidad. Los inversores quieren ver si sus discursos duros sobre estabilidad de precios se traducen en acciones concretas o si, una vez en el sillón principal, la presión política y económica lo llevan a moderar el tono.
¿Qué dicen los números?
La inflación subyacente se mantiene por encima del objetivo del 2% anual que persigue la Fed. Aunque los picos de 2022 quedaron atrás, el último tramo de desinflación se está volviendo cada vez más lento y costoso. Al mismo tiempo, los indicadores de expectativas de inflación a mediano plazo, tanto las que miden los mercados como las de los consumidores, muestran un leve repunte. En criollo: la gente y los inversores empiezan a creer que la inflación puede quedarse más alta por más tiempo.
Los bonos ya reaccionaron. El yield del Treasury a 10 años subió más de 40 puntos básicos en las últimas semanas, reflejando que el mercado descuenta al menos una o dos subas de tasas antes de fin de año. Es una forma de los inversores de “adelantarse” a la Fed y forzarle la mano.
El perfil de Warsh
Warsh no es un académico cualquiera. Durante la crisis financiera de 2008 ya había ocupado un lugar clave en la Fed, trabajando cerca de Ben Bernanke. Pero siempre se lo asoció más con la línea dura que con la expansiva. En los últimos años, desde think tanks y columnas de opinión, criticó duramente el exceso de estímulos de la era Powell y advirtió sobre los riesgos de mantener tasas reales negativas por demasiado tiempo.
Ahora le toca manejar la caja de herramientas. Y la primera decisión importante no va a ser fácil. Subir las tasas en un momento donde la economía muestra algunos signos de desaceleración implica asumir el riesgo de una recesión más profunda. No subirlas, en cambio, puede significar perder la batalla contra la inflación y tener que aplicar un ajuste mucho más duro después.
El dilema argentino
Desde Buenos Aires, esta discusión no es abstracta. La política monetaria de la Fed tiene impacto directo en los flujos de capital hacia mercados emergentes. Si Warsh decide ser halcón y subir tasas, el dólar se fortalece, el carry trade se vuelve menos atractivo y países como la Argentina ven cómo se encarece el financiamiento externo. Si, por el contrario, opta por una postura más dovish, podría aliviar la presión sobre el dólar y dar algo de oxígeno a las reservas del Banco Central.
Por ahora, el mercado de futuros de tasas de la Fed está cotizando una probabilidad alta de un aumento de 25 puntos básicos en la próxima reunión. Sería el primer movimiento en esa dirección desde hace varios meses y marcaría un cambio de ciclo claro.
Qué esperar en las próximas semanas
Warsh tiene por delante una serie de discursos y, sobre todo, la próxima decisión de la Junta de Gobernadores. Sus palabras serán leídas con lupa. Cualquier señal de tibieza será castigada por los mercados. Cualquier exceso de dureza puede generar volatilidad en Wall Street.
La realidad es más aburrida de lo que muchos quieren vender: no hay soluciones mágicas. Controlar la inflación requiere mantener tasas restrictivas por un período prolongado, algo que genera costos reales en empleo y actividad. Warsh lo sabe. Lo dijo muchas veces cuando no estaba en el cargo. Ahora le toca demostrar que sigue creyendo lo mismo.
El veredicto no lo darán los analistas ni los columnistas. Lo darán los datos de inflación de los próximos meses y, fundamentalmente, cómo reaccione el propio Kevin Warsh cuando tenga que firmar con su nombre una decisión que puede mover miles de millones de dólares en todo el mundo.