La UE activa el acuerdo comercial con EE.UU. y apura las negociaciones con China
El reglamento que elimina aranceles sobre productos industriales y agrícolas estadounidenses entra en vigencia el 1 de julio. Al mismo tiempo, Bruselas busca cerrar avances concretos con China antes de octubre para evitar tensiones mayores.
La Unión Europea acelera su agenda comercial en dos frentes simultáneos. Por un lado, el reglamento que elimina aranceles sobre una amplia lista de productos industriales y agrícolas provenientes de Estados Unidos entrará en vigor el próximo 1 de julio. Por el otro, el comisario de Comercio, Maroš Šefčovič, está presionando para obtener resultados concretos en las negociaciones con China antes de octubre.
Este movimiento no es menor. Después de años de tensiones transatlánticas, la eliminación de aranceles busca estabilizar el vínculo con Washington y enviar una señal clara al resto del mundo: la UE está dispuesta a negociar acuerdos pragmáticos cuando hay voluntad política del otro lado.
¿Qué implica el acuerdo con EE.UU.?
El reglamento aprobado elimina aranceles de manera recíproca en sectores clave como maquinaria, vehículos, productos químicos, farmacéuticos y ciertos bienes agrícolas. Fuentes de Bruselas indican que el impacto económico inmediato podría rondar los 3.500 millones de euros anuales en comercio bilateral adicional.
En criollo: se baja el costo de exportar e importar entre ambos bloques. Para las empresas argentinas que operan con Europa o Estados Unidos, esto puede significar cambios en cadenas de suministro y precios de insumos, aunque el impacto directo en nuestro país es indirecto.
El acuerdo llega en un momento en que la administración Trump (o la que surja de las próximas elecciones) sigue siendo impredecible. Bruselas busca blindar el vínculo comercial antes de que cualquier cambio político en Washington complique las cosas.
La presión sobre China
En paralelo, Šefčovič ha dejado en claro que quiere “resultados tangibles” con Pekín antes de octubre. El principal punto de fricción sigue siendo el desequilibrio comercial: la UE tiene un déficit de más de 300.000 millones de euros con China. A eso se suman las quejas europeas por subsidios chinos a sectores como vehículos eléctricos, acero y tecnología solar.
“Queremos un comercio más equilibrado, predecible y justo”, repitió el comisario en las últimas semanas. La UE ya impuso aranceles provisionales a vehículos eléctricos chinos y amenaza con ampliarlos. Ahora busca que China ofrezca concesiones concretas antes de que las medidas se endurezcan de forma permanente.
Contexto global y repercusiones
Este doble movimiento europeo ocurre mientras el mundo redefine sus alianzas comerciales. La guerra en Ucrania, la tensión en Taiwán y la fragmentación de las cadenas de suministro globales obligan a los bloques a elegir socios con mayor claridad.
Para América Latina, y especialmente para Argentina, el mensaje es mixto. Por un lado, un mayor acercamiento UE-EE.UU. puede significar competencia más dura en mercados agrícolas. Por otro, cualquier apertura de la UE hacia China podría generar oportunidades en commodities que Pekín sigue demandando fuertemente.
Qué esperar en los próximos meses
Del lado estadounidense, el foco estará en ver si el acuerdo comercial se profundiza más allá de la eliminación de aranceles. Del lado chino, todo indica que habrá una pulseada dura: Pekín no quiere ceder en temas estratégicos como subsidios estatales o acceso al mercado, pero tampoco desea una escalada que termine afectando sus exportaciones a Europa.
La UE, fiel a su estilo, busca mantener el multilateralismo mientras juega pragmáticamente en dos tableros a la vez. El 1 de julio sabremos si este primer movimiento con Washington genera el efecto dominó que Bruselas espera también con Beijing.
La realidad es más aburrida que las grandes declaraciones geopolíticas: al final, todo se reduce a quién vende más, quién compra más y a qué precio. Y en ese terreno, Europa está intentando recuperar terreno perdido.