La paradoja del crédito: mejora la macro pero crece la morosidad
Aunque la inflación baja y el dólar se estabiliza, la mora en créditos personales y tarjetas sigue en ascenso. Bancos y fintech monitorean de cerca el deterioro en la capacidad de pago de los hogares.
La economía argentina muestra señales de estabilización macroeconómica: la inflación mensual sigue bajando, el tipo de cambio se mantiene relativamente calmo y hasta el Banco Central acumula reservas. Sin embargo, en el mundo del crédito aparece una paradoja cada vez más evidente: a medida que mejora el panorama general, empeora la capacidad de pago de las familias.
Según datos del BCRA, la morosidad en el sistema financiero viene subiendo de forma sostenida en los últimos meses. Los créditos personales y el uso de tarjetas de crédito son los rubros donde más se nota el incremento de atrasos. En criollo: la gente está tomando menos deuda nueva, pero le cuesta cada vez más pagar la que ya tiene.
Por qué mejora la macro y empeora el bolsillo
La desaceleración inflacionaria trajo alivio en los precios, pero no alcanzó para recomponer los ingresos reales de los asalariados y jubilados. Los ajustes salariales vienen corriendo por detrás de la inflación acumulada del año, y los planes de ajuste fiscal redujeron el gasto público, lo que impacta directamente en el consumo.
"Es una situación clásica de lag: la macro se acomoda más rápido que el micro", explica un analista de una fintech grande que prefiere no dar su nombre. "La inflación baja, pero los salarios y las jubilaciones tardan en recuperarse. Mientras tanto, los gastos fijos como alquiler, servicios y comida siguen presionando el presupuesto familiar".
Este fenómeno se ve con claridad en los números de las principales entidades. En los bancos tradicionales, la mora en préstamos personales subió alrededor de 15% interanual según estimaciones privadas. En el universo fintech, donde los préstamos son más cortos y de mayor tasa, el aumento es aún más marcado.
El rol de las fintech en el mapa del crédito
Las empresas de tecnología financiera, que durante el boom de 2021-2022 crecieron a tasas explosivas, ahora enfrentan el otro lado de la moneda. Muchas ajustaron sus algoritmos de scoring y endurecieron los requisitos para dar nuevos préstamos. Sin embargo, el stock de clientes que tomaron deuda en 2023 y principios de 2024 está empezando a mostrar señales de estrés.
Un gerente de riesgo de una de las billeteras digitales más usadas del país cuenta que están viendo un aumento en los refinanciamientos y en los clientes que entran en planes de pago. "No es que explote la mora, pero sí está creciendo más de lo que esperábamos con este nivel de inflación", dice.
Qué pasa con las tarjetas de crédito
El uso de tarjetas se convirtió en el termómetro más sensible de esta paradoja. Con el límite de las tarjetas muchas veces licuado por la inflación, los usuarios empezaron a usarlas como herramienta de financiamiento a 3, 6 o 12 cuotas sin interés. El problema aparece cuando llega el resumen y el pago mínimo se vuelve difícil de afrontar.
Según datos del último informe de la Cámara Argentina de Fintech, el porcentaje de tarjetas que solo pagan el mínimo subió 8 puntos en los últimos seis meses. Eso, en la práctica, significa que la deuda se está capitalizando y se vuelve cada vez más pesada.
¿Qué esperan los bancos para los próximos meses?
Los analistas coinciden en que la morosidad podría seguir subiendo hasta mitad de año. Todo depende de cómo evolucione la paritaria y si hay una recomposición real de los ingresos. Si la inflación sigue bajando pero los salarios no acompañan, el riesgo de que más familias caigan en mora aumenta.
Desde el BCRA ya advirtieron a las entidades que refuercen sus provisiones y monitoreen de cerca los portfolios más vulnerables: jubilados, monotributistas de las categorías más bajas y trabajadores informales.
En criollo: no alcanza con que "baje la inflación"
La lección de estos meses es clara. Una mejora en los números macro no se traslada automáticamente al bolsillo de la gente. Hay un período de ajuste donde los ingresos reales siguen comprimidos mientras los compromisos financieros siguen vigentes.
Para los que están pensando en tomar un crédito en este contexto, la recomendación de los especialistas es conservadora: solo endeudarse si el flujo de ingresos es estable y si la cuota no supera el 30% de los ingresos mensuales. Porque, como estamos viendo, la macro puede mejorar, pero la morosidad responde a otra lógica: la del día a día.
La paradoja del crédito argentino de 2025 muestra que estabilizar la economía es solo el primer paso. El segundo, y más difícil, es que esa estabilidad llegue realmente al bolsillo de las familias antes de que la mora se convierta en un problema sistémico.