La industria metalúrgica acumuló una caída del 5,7% en el primer semestre
El sector cerró el primer semestre con números en rojo, uso de capacidad instalada en mínimos históricos similares a los de la pandemia y una contracción en el empleo. ¿Qué está pasando en la metalúrgica argentina?
La industria metalúrgica argentina sigue navegando en aguas turbulentas. Según los últimos datos de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), el sector acumuló una caída interanual del 5,7% en el primer semestre de 2024, profundizando una tendencia que ya venía complicada desde finales del año pasado.
El dato más preocupante es el nivel de uso de la capacidad instalada, que se mantiene en mínimos históricos cercanos a los registrados durante los meses más duros de la pandemia. En criollo: las plantas están trabajando a media máquina, con mucha capacidad ociosa y costos fijos que no se cubren.
Esta situación no solo afecta la producción. El empleo en el sector también mostró una contracción. Las empresas metalúrgicas, que históricamente han sido un gran generador de puestos de trabajo calificado, redujeron su planta de personal en los últimos meses. Aunque desde el Gobierno destacan que la inflación está bajando y que se vienen signos de recuperación en algunos indicadores, en el piso de las fábricas la realidad se siente distinta.
¿De dónde viene esta caída?
Varios factores se conjugan. Por un lado, la fuerte contracción del consumo interno y la demora en la reactivación de la obra pública impactaron de lleno en la demanda de insumos y productos metalúrgicos. Sectores como la construcción, el agro y la automotriz, grandes demandantes de piezas y estructuras, redujeron sus pedidos.
Por otro lado, la apertura importadora que acompaña la política económica actual generó un aumento de la competencia de productos que llegan del exterior, muchas veces con precios más competitivos. Esto se suma a los altos costos internos (energía, logística, impuestos) que siguen complicando la ecuación de las pymes metalúrgicas.
El contexto regional y las expectativas
La metalúrgica no es el único sector en rojo. La industria en general viene mostrando números magros, aunque algunos rubros puntuales (como el petrolero o ciertos segmentos exportadores) muestran mayor dinamismo. El problema es que la metalúrgica tiene un efecto multiplicador importante: cada puesto de trabajo directo genera varios indirectos en la cadena de valor.
Desde ADIMRA señalaron que, si bien hay señales de estabilización macroeconómica, todavía no se traduce en una recuperación sostenida de la demanda. “Estamos operando con niveles de actividad muy bajos y eso pone en riesgo la sustentabilidad de muchas empresas”, indicaron desde la cámara.
Qué se necesita para salir del rojo
Los empresarios del sector coinciden en que la clave pasa por tres ejes: reactivación del crédito productivo a tasas razonables, una política de compras públicas que priorice la industria nacional y mayor previsibilidad en las reglas de juego (especialmente en materia impositiva y cambiaria).
Mientras tanto, muchas pymes están haciendo malabares: ajustando costos, renegociando deudas y buscando nichos de exportación para compensar la caída del mercado interno. Algunos incluso están invirtiendo en reconversión tecnológica, aunque con fondos propios y en un contexto de tasas altas.
La realidad es más dura de lo que muestran los titulares macro: una industria metalúrgica debilitada no solo afecta a los dueños de las fábricas y sus empleados. Impacta en toda la cadena, desde los proveedores de materia prima hasta las familias que dependen de esos sueldos para consumir.
Por ahora, el semáforo sigue en rojo. La pregunta que se hacen todos en el sector es cuánto tiempo más pueden sostener esta situación antes de que las caídas se transformen en cierres irreversibles.