La economía argentina en modo serrucho: se hundió 1,5% en abril pero crece en la comparación anual
El EMAE registró una fuerte caída mensual en abril, continuando con la tendencia errática que no permite dos meses consecutivos de crecimiento desde hace ocho meses. Sin embargo, el dato interanual muestra una leve recuperación.
La actividad económica volvió a mostrar su cara más volátil en abril. Según los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) publicados por el INDEC, el indicador se contrajo 1,5% respecto a marzo. De esta manera, se mantiene el patrón de "serrucho" que viene caracterizando a la economía argentina desde hace varios meses.
Desde el bimestre agosto-septiembre del año pasado que el EMAE no logra encadenar dos subas mensuales consecutivas. Esta inestabilidad refleja las dificultades para consolidar una recuperación sostenida, a pesar de los esfuerzos del Gobierno por estabilizar las variables macroeconómicas.
El dato interanual, la buena noticia
Si bien el dato mensual es negativo, la comparación con abril de 2024 muestra un alza del 0,8%. Este crecimiento interanual, aunque modesto, representa el cuarto mes consecutivo en el que la actividad económica supera los niveles del año anterior. Es una señal de que, más allá de las fluctuaciones mensuales, la economía está saliendo del pozo profundo en el que cayó durante 2024.
"La realidad es más aburrida que los titulares catastrofistas", suele decirse en estos casos. La contracción de abril se explica en gran parte por la fuerte sequía que afectó al sector agropecuario y por el ajuste fiscal que continúa impactando en el consumo y la obra pública. Sin embargo, sectores como la industria manufacturera y la construcción mostraron signos de recuperación en la medición anual.
Por qué sigue el serrucho
El comportamiento del EMAE en los últimos ocho meses es similar a una montaña rusa: sube un mes, baja al siguiente, repunta y vuelve a caer. Esta dinámica impide que se consolide un sendero claro de crecimiento. Los analistas privados coinciden en que la falta de dos meses consecutivos de alza desde agosto-septiembre del año pasado es uno de los principales desafíos que enfrenta el equipo económico.
En criollo: la economía sigue frágil. Si bien la inflación bajó de manera significativa y el superávit fiscal se mantiene, la recesión dejó secuelas importantes en el poder adquisitivo y en la confianza de las familias y las empresas. Hasta que no se recupere el consumo interno de forma sostenida, es probable que sigamos viendo estos vaivenes mensuales.
Qué se espera para los próximos meses
Los pronósticos de consultoras privadas para el segundo semestre son más optimistas. Esperan que la combinación de menor inflación, posible rebote del salario real y una mayor liquidación de divisas del agro empujen la actividad hacia arriba. Sin embargo, advierten que sin un acuerdo de precios y salarios que dé previsibilidad, el serrucho puede continuar.
El dato de abril vuelve a poner sobre la mesa la discusión sobre la sostenibilidad del modelo actual. ¿Es posible seguir ajustando sin matar la actividad? La respuesta, por ahora, la están dando los números mes a mes: con altibajos importantes y sin un crecimiento consolidado.
Desde el Ministerio de Economía destacaron el crecimiento interanual y sostuvieron que "la economía está reacomodándose después de la herencia recibida". Los números de mayo, que se conocerán en julio, serán clave para ver si efectivamente se empieza a salir del modo serrucho o si la inestabilidad se mantiene.
La realidad es que, más allá de los discursos, la gente siente en el bolsillo estos movimientos. Cuando la economía sube un mes y baja al siguiente, la incertidumbre se instala y las decisiones de consumo e inversión se postergan. Y en un país con memoria inflacionaria como el nuestro, esa incertidumbre es el peor enemigo de una recuperación genuina.