Economía

Inflación de alimentos: los precios volvieron a subir y un rubro clave acumuló 4% en un mes

Un relevamiento privado detectó que los alimentos y bebidas subieron 0,3% la última semana. Los lácteos acumularon 4% en un mes y lideraron las alzas, mientras aceites, dulces y condimentos fueron los que más subieron en los últimos siete días.

Publicado el 25 de julio de 2026, 20:40 hs

Estantería de supermercado con productos lácteos y aceites con etiquetas de precios en aumento
Ámbito — Economía

Un nuevo relevamiento privado de precios de alimentos volvió a encender las alarmas sobre la inflación en la mesa de los argentinos. Según los datos publicados esta semana, los alimentos y bebidas registraron un aumento semanal del 0,3% y, lo que es más preocupante, ciertos rubros clave acumularon subas de hasta 4% en las últimas cuatro semanas.

Los lácteos fueron los grandes protagonistas negativos del mes. Este rubro, que incluye leche, yogures, quesos y postres, lideró el acumulado con un incremento cercano al 4%. No es un dato menor: los lácteos forman parte de la canasta básica de la mayoría de las familias y, en un contexto de ingresos estancados, cada punto de aumento se siente directamente en el bolsillo.

En la última semana, en cambio, los aumentos más fuertes se concentraron en aceites, productos dulces y condimentos. Este grupo encabezó las subas semanales, lo que sugiere que la presión inflacionaria se está moviendo por distintos rubros de manera sucesiva, un patrón clásico cuando los ajustes de costos se trasladan de forma escalonada a góndola.

¿Por qué suben los lácteos?

El aumento en lácteos no responde a un solo factor. La suba internacional de algunos commodities, el costo de la energía para las industrias procesadoras y la devaluación del peso que encarece insumos importados explican gran parte del movimiento. Además, la cadena láctea tiene una sensibilidad particular a los costos logísticos y de refrigeración, que en Argentina vienen presionados desde hace meses.

Desde el punto de vista nutricional, esto genera un problema adicional. Los lácteos son una fuente accesible y económica de proteínas de alto valor biológico, calcio y otros nutrientes clave, especialmente para niños y adolescentes. Cuando su precio sube por encima de la inflación general, muchas familias comienzan a reducir la cantidad o a reemplazarlos por opciones de menor calidad nutricional.

El impacto en la canasta básica y en la nutrición

Según estimaciones privadas, la canasta básica alimentaria (que mide el costo mínimo para cubrir necesidades nutricionales) volvió a mostrar una tendencia alcista después de varios meses de relativa calma. Aunque la inflación general viene bajando, la de alimentos suele tener inercia propia y tarda más en desacelerarse.

Esto no es solo un tema de números. Cuando los alimentos básicos suben consistentemente, la calidad de la dieta se resiente. Se reduce la variedad, se recurre más a ultraprocesados baratos y se cae en la trampa de “rellenar” con harinas y azúcares en lugar de nutrientes densos. Es el típico mecanismo que explica por qué en períodos de alta inflación alimentaria suele aumentar la malnutrición por exceso y por defecto al mismo tiempo.

¿Qué se puede hacer desde lo individual?

Ante subas puntuales como las de lácteos, la estrategia más efectiva no es eliminarlos sino optimizar la compra. Comprar leche en sachets o en mayor volumen, elegir yogur natural en pote grande en lugar de los azucarados individuales, y aprovechar ofertas de quesos duros (que suelen conservarse mejor y rendir más) ayudan a mitigar el impacto.

También es clave volver a la lógica de la cocina casera. Un guiso con legumbres, un poco de verdura y un chorrito de leche o queso rallado puede mantener el valor nutricional con menos cantidad de lácteo. La idea no es sufrir ni sentir culpa, sino ajustar sin perder lo esencial.

Desde el punto de vista de política pública, el desafío sigue siendo el mismo de siempre: cómo desacoplar la inflación de alimentos de la inflación general para que no siga castigando desproporcionadamente a los sectores de menores ingresos. Mientras tanto, la realidad en criollo es que la mesa argentina volvió a encarecerse, y los lácteos son, una vez más, los que más lo están sintiendo.

La solución a largo plazo no pasa por dietas mágicas ni por demonizar alimentos, sino por poder sostener una alimentación variada y suficiente sin que cada mes sea una nueva cuenta de cuánto subieron el yogurt y la leche.

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