Economía

Industria y comercio alertan por débil demanda y falta de crédito

Los últimos relevamientos del INDEC confirman que la actividad económica y el empleo siguen bajo presión. La escasez de pedidos y las restricciones financieras impiden que el repunte se consolide, según empresarios.

Publicado el 22 de julio de 2026, 18:05 hs

Fábrica argentina con maquinaria detenida y escasa actividad en el piso de producción
Ámbito — Economía

Los últimos datos del INDEC volvieron a encender las alarmas en el sector productivo. Tanto la industria como el comercio minorista reportan niveles de demanda interna que siguen siendo débiles, mientras que la falta de crédito accesible actúa como un freno adicional para cualquier intento de recuperación sostenida.

Según los relevamientos mensuales de coyuntura industrial y comercial, la actividad y el empleo continúan bajo presión. En criollo: las fábricas no están trabajando a pleno y las góndolas no se mueven al ritmo que se esperaba después de los primeros meses de ajuste.

La demanda no repunta

El indicador de demanda interna en la industria manufacturera muestra una caída interanual que, aunque se moderó respecto de los peores meses, sigue en terreno negativo. Los empresarios consultados por el INDEC mencionan de manera recurrente la “escasez de pedidos” como el principal problema. No es un tema de costos ni de impuestos: simplemente no hay gente comprando lo suficiente como para justificar más producción.

En el comercio, la situación es similar. Los supermercados y negocios de barrio reportan ventas planas o en baja, especialmente en bienes durables y textiles. La inflación acumulada sigue erosionando el poder adquisitivo, y aunque los precios mayoristas se desaceleraron, el consumo no termina de reaccionar.

El crédito sigue sin aparecer

Otro dato que se repite en las encuestas es la dificultad para acceder a financiamiento. Las tasas de interés siguen siendo altas y los bancos, cautelosos, redujeron fuertemente la oferta de crédito productivo. Sin capital de trabajo accesible, muchas PyMEs optan por operar con liquidez propia o directamente achican la actividad para no endeudarse.

Esto genera un círculo vicioso: menos producción, menos empleo registrado y, por lo tanto, menos consumo. Los números de empleo industrial del INDEC ya muestran una leve contracción en varios rubros, aunque todavía no llega a los niveles críticos de 2020.

¿Qué dicen los empresarios?

En conversaciones off the record, directivos de cámaras sectoriales coinciden en que el ajuste fiscal y monetario logró bajar la inflación, pero que todavía no se vio el “rebote” que muchos pronosticaban para el segundo semestre. “Estamos en modo supervivencia”, resumió un industrial del rubro metalúrgico. “Bajamos stocks, ajustamos costos, pero sin demanda y sin crédito es muy difícil invertir o tomar gente”.

Desde el lado comercial, los referentes de centros de compras y federaciones de comercio piden medidas concretas para estimular el consumo: desde líneas de crédito blando hasta alguna forma de alivio impositivo transitorio que permita bajar precios al público.

El Gobierno, en modo espera

En el Ministerio de Economía insisten en que la estabilización macroeconómica es la base para que luego venga la reactivación. Argumentan que sin superávit fiscal y sin reservas, cualquier estímulo sería efímero y volvería a generar inflación. Por ahora, la hoja de ruta sigue siendo la misma: ordenar las cuentas y esperar que el sector privado tome la posta cuando las condiciones mejoren.

Sin embargo, el tiempo empieza a jugar en contra. Si la demanda no repunta en los próximos dos o tres meses, el riesgo es que la recesión se extienda más de lo previsto y que el costo social (desempleo, caída del salario real) termine siendo más alto de lo tolerable políticamente.

Qué puede pasar de acá en adelante

Los analistas más optimistas sostienen que, una vez que la inflación mensual baje consistentemente por debajo del 4%, el poder adquisitivo empezará a recuperarse y el consumo reaccionará. Los más pesimistas advierten que, sin un shock de confianza (por ejemplo, un acuerdo con el FMI que abra el grifo del crédito externo), la economía puede quedar trabada en un equilibrio de bajo crecimiento.

Por ahora, los datos duros del INDEC confirman lo que la calle ya siente: la economía está estabilizada, pero todavía no arranca. Y mientras la demanda y el crédito no acompañen, la industria y el comercio seguirán operando con el freno de mano puesto.

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