Entre la baja de la inflación y la suba del dólar, ¿qué va a pasar con los precios?
La desaceleración del IPC convive con la presión cambiaria. Analizamos qué impacto real puede tener la suba del dólar en los precios de la economía argentina y qué esperar para los próximos meses.
La pregunta que se repite en supermercados, almacenes y grupos de WhatsApp es siempre la misma: si la inflación está bajando, ¿por qué siento que todo sigue subiendo? Y ahora, con el dólar blue y el MEP mostrando movimientos alcistas, la duda se potencia: ¿vuelve la inflación o estamos ante un fenómeno distinto?
El contexto es claro. El gobierno celebra la desaceleración del IPC (Índice de Precios al Consumidor), que en mayo mostró una tendencia a la baja y genera expectativas positivas para el dato de junio. Sin embargo, el efecto internacional —con un dólar que se mueve al alza tanto en el mundo como en el mercado local paralelo— actúa como un imprevisto que complica la hoja de ruta económica.
¿La suba del dólar siempre dispara los precios?
No de manera automática ni inmediata, y esa es una de las primeras aclaraciones que hay que hacer. En la Argentina, el tipo de cambio tiene un rol central en la formación de precios, especialmente en bienes transables y aquellos con alto componente importado. Pero el impacto no es lineal ni instantáneo.
Históricamente, los saltos bruscos del dólar (como los que se vivieron en 2018, 2019 o 2022) sí terminaron trasladándose a precios con cierto delay. Sin embargo, cuando el movimiento es más moderado y la economía muestra otros anclajes —como una demanda débil, alta capacidad ociosa y expectativas ancladas— el pass-through (el traslado a precios) tiende a ser menor.
En criollo: no es que el dólar suba y mañana todo cueste el doble. El traslado depende del contexto macro, del poder de mercado de las empresas y, fundamentalmente, de cuánto los consumidores estén dispuestos y puedan pagar.
Qué dice la evidencia reciente
Los datos de los últimos meses muestran que la inflación núcleo (la que excluye precios regulados y estacionales) viene bajando con más fuerza que el IPC general. Esto sugiere que, más allá de los ajustes puntuales, la inercia inflacionaria se está rompiendo.
Al mismo tiempo, los precios de productos importados o con insumos dolarizados (electrónica, autopartes, algunos alimentos procesados) ya mostraron aumentos preventivos en las últimas semanas. Pero en categorías como alimentos frescos, indumentaria o servicios, el movimiento es mucho más contenido.
Un dato clave: la suba del dólar paralelo no siempre equivale a inflación generalizada. Muchas empresas ya tienen stocks dolarizados o contratos en pesos indexados. Otras, directamente, no pueden subir precios porque el consumo está planchado.
El factor internacional
El contexto global no ayuda. La fortaleza del dólar en los mercados internacionales, sumada a dudas sobre el futuro de las reservas argentinas y las negociaciones con el FMI, alimentan la presión sobre los dólares libres. Esto genera un ruido que el gobierno intenta contrarrestar con intervenciones en el MULC y mensajes de calma.
Sin embargo, desde el punto de vista de la política económica, la prioridad sigue siendo la baja de la inflación. La suba del dólar, mientras no se convierta en un salto descontrolado, es vista como un mal menor si ayuda a recomponer reservas.
Qué podés esperar como consumidor o PyME
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Aumentos selectivos, no generalizados. Los productos con mayor contenido importado o que compiten con bienes dolarizados van a seguir con presión alcista. Los que se producen localmente con costos en pesos van a tener subas más moderadas.
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La inflación mensual debería seguir bajando. Aunque junio puede mostrar algún repunte por estacionalidad y ajustes tarifarios, la tendencia de fondo es descendente. El desafío será mantenerla por debajo del 4% mensual de forma sostenida.
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El rol de las expectativas. Si la gente empieza a creer que “vuelve la inflación”, puede generarse un comportamiento preventivo (compras adelantadas) que termine alimentando subas. Por eso la comunicación oficial es tan importante.
La realidad es más compleja
No hay una relación mecánica entre dólar e inflación. Depende del régimen monetario, del nivel de actividad, de la credibilidad de las políticas y del humor social. Hoy la economía argentina está en un punto donde la baja de la inflación es real, pero frágil. La suba del dólar es un riesgo, pero no necesariamente una sentencia de muerte para la desaceleración.
El dato de IPC de junio será clave. Si sale en línea con las expectativas (o mejor), servirá para anclar expectativas y limitar el pass-through cambiario. Si decepciona, el ruido dolarizador puede ganar fuerza.
Mientras tanto, como siempre en Argentina, la recomendación práctica es la misma de siempre: no entrar en pánico, no comprar de más “por las dudas” y seguir de cerca los datos duros más que los titulares alarmistas. La economía sigue enviando señales mixtas. Interpretarlas con calma es lo más sano que se puede hacer.