Elevada carga impositiva: los municipios cobran 82 tipos de tasas pese a los reclamos de Luis Caputo
A pesar de las advertencias del ministro de Economía, las comunas mantienen intacta su creatividad tributaria y siguen aplicando 82 tipos distintos de tasas y derechos sobre actividades económicas. La carga no se redujo respecto de 2024.
La creatividad tributaria de los municipios argentinos sigue más viva que nunca. Según un relevamiento actualizado, las comunas de todo el país aplican nada menos que 82 tipos distintos de tasas, derechos y contribuciones sobre actividades económicas, un número que se mantiene idéntico al del año pasado pese a los reiterados cuestionamientos del ministro de Economía, Luis Caputo.
Caputo ha sido claro en varias oportunidades: la superposición de impuestos entre Nación, provincias y municipios es uno de los principales frenos a la actividad productiva. “Hay que terminar con esta locura de que cada intendente invente una tasa nueva”, llegó a decir en off the record durante una reunión con gobernadores. Sin embargo, los números muestran que el mensaje no está calando.
Qué se cobra y dónde
El listado incluye desde lo previsible —tasas de seguridad e higiene, inspección bromatológica, derechos de publicidad— hasta lo más creativo: tasas por “uso de espacio aéreo” (para carteles), por “control de plagas urbanas”, por “fiscalización de espectáculos” o incluso por “habilitación de delivery”.
En algunos municipios del conurbano bonaerense se detectaron hasta 14 tasas distintas que pueden recaer sobre un mismo comercio. Un restaurante, por ejemplo, puede terminar pagando tasa de seguridad e higiene, derecho de inspección, contribución por alumbrado, tasa por ocupación de vereda, canon por mesas y sillas, tasa por publicidad, derecho de control bromatológico, tasa por residuos patogénicos, entre otras.
El reclamo que no se traduce en hechos
Desde el Ministerio de Economía insisten en que esta multiplicidad de tributos municipales encarece los costos operativos, desalienta la formalización y termina siendo regresiva: los que menos pueden, terminan pagando más en proporción. Caputo lo ha planteado tanto en reuniones con la UIF como en charlas con intendentes oficialistas y opositores.
Sin embargo, los intendentes defienden su autonomía. Argumentan que muchas de estas tasas financian servicios concretos que el municipio presta (recolección de basura, mantenimiento de calles, controles) y que, sin ellas, tendrían que subir la tasa inmobiliaria o recortar servicios.
La realidad detrás de los números
El problema no es solo la cantidad, sino la forma en que se calculan. Muchas tasas se actualizan por coeficientes que terminan atados a la inflación o al valor de la UMA (Unidad de Medida Arancelaria), lo que genera aumentos automáticos que muchas veces superan el crecimiento de la facturación de los comercios.
Además, la opacidad en el destino de lo recaudado es otro punto crítico. Son pocos los municipios que publican con claridad cuánto ingresa por cada tasa y en qué se gasta específicamente. Esto alimenta la percepción de que varias de estas tasas funcionan más como un impuesto encubierto que como una contraprestación por un servicio.
¿Hay margen para simplificar?
Economistas consultados coinciden en que una racionalización de las tasas municipales no solo aliviaría la carga sobre PyMEs y comercios, sino que también mejoraría la competitividad general de la economía. El desafío es político: tocar las tasas municipales implica tocar el bolsillo de los intendentes, que en muchos casos usan esa recaudación como principal fuente de financiamiento discrecional.
Mientras tanto, el número se mantiene: 82 tipos de tasas. Ni una menos que el año pasado. El mensaje de Caputo llegó, pero por ahora parece que los municipios eligieron no escucharlo.