Economía

El peso de los servicios públicos en los sectores bajos se cuadruplicó desde 2023

La fuerte suba de tarifas de luz, gas y agua redujo drásticamente el ingreso disponible de los hogares más vulnerables. Un informe revela que el impacto en los sectores bajos es cuatro veces mayor que hace dos años.

Publicado el 29 de junio de 2026, 14:05 hs

Familia de bajos recursos revisando facturas de servicios públicos en una cocina humilde
Ámbito — Economía

La suba de tarifas de servicios públicos que se viene aplicando desde mediados de 2023 está golpeando con especial dureza a los hogares de menores ingresos. Según datos oficiales y privados que circulan en las últimas semanas, el peso de estos gastos en el presupuesto familiar de los sectores más pobres se cuadruplicó en los últimos dos años.

En criollo: si antes una familia de ingresos bajos destinaba el 5% de lo que entraba al mes para pagar luz, gas y agua, hoy ese porcentaje ronda el 20%. Eso significa que de cada $100 que ingresan al hogar, $20 se van directo en boletas. El resto tiene que alcanzar para comida, transporte, remedios y todo lo demás.

El fenómeno no es uniforme. Mientras en los hogares de clase media y alta el aumento de tarifas representa un ajuste importante pero manejable, en los deciles más bajos se convirtió en un problema estructural. La explicación es sencilla: los ingresos de estos hogares crecieron por debajo de la inflación general y muy por debajo de la suba de tarifas, que en algunos casos superó el 300% acumulado.

¿De dónde salen estos números?

Informes del INDEC, de consultoras privadas y de organismos sociales coinciden en la tendencia. El Observatorio de la Deuda Social de la UCA, por ejemplo, viene marcando desde hace meses que los gastos fijos (alquileres y servicios) están comiéndose una porción cada vez más grande del presupuesto de los hogares pobres. En paralelo, el Ministerio de Economía reconoce que el sinceramiento tarifario era necesario después de años de subsidios generalizados, pero admite que el impacto en los sectores vulnerables fue mayor al esperado.

El problema se agrava porque muchos de estos hogares no acceden a los subsidios cruzados por ingresos que el gobierno implementó. O porque el trámite es tan engorroso que terminan pagando la tarifa plena. El resultado es previsible: menos plata para comprar alimentos, menos visitas al médico, menos margen para cualquier imprevisto.

La trampa del “ahorro”

Una de las respuestas oficiales más repetidas es que “hay que usar menos”. Apagar luces, bajar la calefacción, duchas más cortas. El problema es que en hogares donde ya se vive con lo mínimo, el margen de ahorro es casi nulo. No se puede bajar algo que ya está en el piso.

Además, muchos de estos hogares viven en viviendas con mala aislación térmica, electrodomésticos viejos y sin acceso a tecnologías más eficientes. Decirle a alguien que “use menos” cuando su heladera tiene 15 años y la casa pierde calor por todas partes es, en el mejor de los casos, una respuesta incompleta.

¿Qué significa esto en la práctica?

Significa que el ingreso disponible real de los sectores bajos se redujo de forma significativa. Ese dinero que antes podía destinarse a comprar más comida, pagar una cuota del colegio o ahorrar para una emergencia ahora se va en boletas. Y como los alimentos también subieron fuerte, la combinación es explosiva.

Organizaciones sociales vienen alertando que cada vez más familias están eligiendo entre pagar la luz o comer. No es una frase hecha. Es lo que surge de las ollas populares y de los relevamientos territoriales que se vienen haciendo en el conurbano y en el interior del país.

La discusión pendiente

El sinceramiento tarifario era, según el gobierno, inevitable. Mantener tarifas artificialmente bajas generaba un déficit fiscal insostenible y desincentivaba el ahorro energético. Hasta acá, pocos lo discuten. El problema es cómo se hizo el ajuste y, sobre todo, cómo se compensa a quienes menos pueden pagar.

Porque si el Estado ahorra en subsidios pero después tiene que gastar más en asistencia alimentaria, en salud o en políticas de contención social, el resultado macro puede ser neutro o incluso negativo. La discusión no es si había que subir las tarifas. Es cómo se suben sin pulverizar el poder adquisitivo de los que menos tienen.

Mientras tanto, para millones de familias argentinas el invierno se siente más frío y las boletas más pesadas. Y el margen para seguir ajustando el consumo doméstico ya se terminó hace rato.

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