El Niño fuerte se acerca: nueva amenaza para los precios en mercados emergentes
La NOAA eleva a 81% la probabilidad de un episodio muy intenso de El Niño entre octubre y diciembre. En economías emergentes ya golpeadas por la inflación y la guerra en Ucrania, el fenómeno climático puede impulsar aún más los precios de alimentos y energía.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) elevó drásticamente su pronóstico: hay un 81% de probabilidades de que se desarrolle un El Niño muy intenso entre octubre y diciembre de 2026, uno de los más fuertes registrados desde 1950.
El anuncio no es solo meteorológico. Para los mercados emergentes, ya bajo presión por la inflación persistente y los efectos residuales de la guerra en Ucrania, este fenómeno climático representa una amenaza concreta sobre los precios de alimentos y energía.
Por qué El Niño encarece la comida y la energía
En criollo: El Niño altera los patrones de lluvia y temperatura en buena parte del planeta. En América del Sur, suele traer sequías en el norte de Argentina, el sur de Brasil y partes de Paraguay, mientras que genera inundaciones en otras zonas. Esto afecta directamente la producción de soja, maíz, trigo y café, commodities clave para la región.
Al mismo tiempo, reduce la generación hidroeléctrica en países dependientes de represas (como Argentina, Brasil, Colombia o Perú) y puede aumentar la demanda de gas y combustibles fósiles para compensar. El resultado es presión alcista sobre dos rubros sensibles: alimentos y tarifas de servicios públicos.
"Los mercados emergentes son particularmente vulnerables porque tienen menor capacidad de amortiguar shocks externos", explica un informe reciente de la FAO. En países donde el gasto en comida representa entre el 30% y el 50% del presupuesto familiar, cualquier suba de precios se siente de inmediato en la pobreza y la inflación.
El contexto argentino y regional
En Argentina, donde la inflación acumulada sigue siendo un dolor de cabeza incluso después de los ajustes de 2025, un El Niño fuerte podría complicar aún más la estabilización de precios. El campo ya viene de ciclos complicados y una sequía o exceso de agua en el momento equivocado puede reducir la cosecha 2026/2027, impactando exportaciones y reservas.
Brasil, mayor exportador mundial de soja y carne, también enfrenta riesgos. Lo mismo ocurre en Indonesia y partes de África, donde la variabilidad climática se suma a deudas elevadas y tipos de cambio volátiles.
La combinación es peligrosa: inflación importada por alimentos más presión local por menor oferta. Los analistas de mercados emergentes ya empiezan a ajustar sus proyecciones de inflación para el último trimestre del año y el primero de 2027.
No es la primera vez, pero el contexto es peor
El Niño de 2015-2016 fue uno de los más intensos de la historia moderna y generó pérdidas millonarias en agricultura sudamericana. Esta vez llega cuando muchas economías emergentes todavía no terminaron de recuperarse del shock inflacionario post-pandemia y la invasión rusa a Ucrania, que ya había disparado los precios de granos y energía.
La buena noticia es que los pronósticos permiten algo de preparación. Gobiernos y empresas pueden anticipar compras de reservas, ajustar políticas de subsidios focalizados o diversificar fuentes de generación eléctrica. La mala es que los márgenes para maniobrar son cada vez más estrechos.
Qué se puede esperar en los próximos meses
Los modelos climáticos seguirán actualizándose, pero la tendencia es clara: las probabilidades de un evento fuerte superan ampliamente el promedio histórico. Para los consumidores de América Latina, esto se puede traducir en mayores precios de pan, fideos, aceites, carne y tarifas de luz y gas en el verano 2026-2027.
En un mundo donde la estabilidad de precios se había convertido en prioridad absoluta para los bancos centrales, un El Niño potente agrega una variable que ni las tasas de interés ni las políticas fiscales pueden controlar del todo.
La realidad es más aburrida que buscar culpables: el cambio climático está haciendo que estos fenómenos extremos sean más frecuentes e intensos. Mientras tanto, los mercados emergentes siguen siendo los que pagan la cuenta más cara cuando el clima se desordena.
Mantener reservas estratégicas, diversificar la matriz energética y mejorar los sistemas de alerta temprana agrícola ya no son opciones. Son necesidades básicas de política económica en un planeta cada vez más impredecible.