Economía

El economista jefe del FMI: la globalización no murió, solo se transformó

Pierre-Olivier Gourinchas reconoce que los conflictos bélicos y el proteccionismo cambiaron el mapa de la mundialización, pero no la eliminaron. El FMI advierte un panorama mixto para economías emergentes y emitirá una nueva revisión de proyecciones el 8 de julio.

Publicado el 29 de junio de 2026, 11:25 hs

Pierre-Olivier Gourinchas, economista jefe del FMI, hablando en una conferencia internacional
Ámbito — Economía

El economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Pierre-Olivier Gourinchas, salió a desmentir una de las narrativas más repetidas de los últimos años: que la globalización llegó a su fin. Según sus palabras, lo que estamos viendo no es el final de la mundialización, sino una transformación profunda impulsada por conflictos bélicos, tensiones geopolíticas y una oleada de medidas proteccionistas.

En una intervención reciente, Gourinchas reconoció que el panorama actual es más complejo que el de hace una década, cuando el comercio fluía con relativa libertad y las cadenas de suministro se extendían sin mayores obstáculos. Hoy, la guerra en Ucrania, las tensiones entre Estados Unidos y China y el retorno de aranceles y subsidios nacionales han reconfigurado el mapa.

Sin embargo, el francés al frente del equipo económico del FMI sostiene que esto no equivale a una desglobalización total. Más bien, se trata de una “re-globalización” o una globalización de características distintas, donde los flujos de comercio se redirigen hacia socios más confiables desde el punto de vista geopolítico, aunque eso implique mayores costos.

Oportunidades y riesgos para los países emergentes

Para algunas economías, esta transformación puede abrir ventanas. Países que logren posicionarse como proveedores alternativos en cadenas de valor “amigables” podrían captar inversión y comercio que antes se concentraba en otros destinos. Pero el panorama para la mayoría de los emergentes es más complicado: mayor fragmentación, costos logísticos más altos y menor acceso a financiamiento en un contexto de tasas de interés elevadas en los países desarrollados.

“La globalización no se acabó, simplemente se transformó”, sintetizó Gourinchas. Esa frase resume una visión pragmática: en lugar de lamentar el pasado, hay que entender las nuevas reglas del juego.

Revisión de proyecciones el 8 de julio

El FMI tiene previsto publicar el 8 de julio su actualización de Perspectivas de la Economía Mundial (WEO, por sus siglas en inglés). Según anticipos, el organismo mantendría una previsión de crecimiento global moderado para 2025, aunque con revisiones a la baja en algunas regiones afectadas por la fragmentación comercial.

En América Latina, el escenario es dispar. Mientras algunos países como México o Vietnam (aunque este último es asiático, sirve de ejemplo regional) pueden beneficiarse de la relocalización de cadenas productivas (“nearshoring” o “friendshoring”), otros enfrentan dificultades por la caída de los precios de commodities y la menor demanda de sus socios comerciales tradicionales.

¿Qué significa esto para la Argentina y la región?

Para la Argentina, el mensaje del FMI llega en un momento de transición. Con un gobierno que apuesta fuertemente a la apertura comercial y la atracción de inversiones, entender esta nueva versión de la globalización es clave. No se trata de volver al mundo de 2010, sino de identificar nichos donde el país pueda competir: alimentos, energía, minería crítica y servicios basados en conocimiento.

Gourinchas no minimizó los riesgos. La fragmentación comercial tiene un costo económico real: según estimaciones previas del propio FMI, podría restar hasta un 7% del PIB global en el largo plazo si se profundiza. Pero también señaló que la innovación tecnológica y la transición energética pueden convertirse en motores de un nuevo ciclo de integración, esta vez más selectiva.

En criollo: la globalización no se fue de vacaciones. Cambió de ropa, se puso más cautelosa y ahora elige con quién hace negocios. Los países que entiendan rápido estas nuevas reglas tendrán más chances de aprovecharlas. Los que se queden mirando cómo era antes, probablemente se queden atrás.

El 8 de julio, cuando el FMI publique sus nuevas cifras, tendremos datos más concretos sobre cuánto cuesta esta transformación y quiénes están ganando o perdiendo en este nuevo tablero. Mientras tanto, la consigna parece clara: adaptarse no es opcional.

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