El círculo rojo mide a “outsiders” con la continuidad del modelo de Milei como eje
Daniel Hadad, Jorge Brito y Marcos Galperin son presentados como posibles presidenciables 2027 pese a sus profundas relaciones con el Estado. El establishment evalúa su alineación con la agenda de Javier Milei.
El término “outsider” volvió a la mesa de los grandes empresarios y banqueros argentinos. Esta vez para describir a Daniel Hadad, Jorge Brito y Marcos Galperin como eventuales candidatos presidenciales de cara a 2027. La paradoja es evidente: ninguno de los tres es ajeno al poder. Sus trayectorias empresariales están marcadas por contratos, regulaciones y relaciones con todos los gobiernos que pasaron por la Casa Rosada.
Según un análisis publicado por Tiempo Argentino, el círculo rojo está midiendo a estos perfiles con un único eje: la continuidad del modelo económico que impulsa Javier Milei. Más que un cambio de paradigma, lo que se busca es un administrador eficiente de la actual dirección.
Hadad, dueño de un multimedio que incluye radio, TV y portales digitales, nunca ocupó un cargo público electivo. Sin embargo, su grupo creció en sintonía con decisiones estatales de las últimas tres décadas. Brito, al frente del Banco Macro, administra una entidad que históricamente operó con fuerte exposición al sector público. Galperin, fundador de Mercado Libre y segundo hombre más rico del país, construyó un unicornio que depende en buena medida de la política cambiaria, impositiva y regulatoria del Estado argentino.
La narrativa de “outsider” les resulta funcional porque limpia su imagen de cualquier olor a política tradicional. En un país donde la clase política arrastra niveles de desprestigio récord, presentarse como alguien “de afuera” tiene valor de mercado. Pero el artículo señala que sus carreras privadas no podrían explicarse sin mencionar subsidios, licencias, deudas reestructuradas y acceso privilegiado a funcionarios de turno.
El eje central de esta medición es pragmático: ¿quién puede garantizar que el ajuste fiscal, la apertura comercial y la desregulación iniciados por Milei sigan después de 2027? En los almuerzos del círculo rojo esa pregunta pesa más que cualquier debate ideológico. La continuidad del programa económico se convirtió en el único criterio relevante.
Esto no significa que Hadad, Brito o Galperin ya estén armando estructuras partidarias. Por ahora son globos de ensayo. Sirven para testear el humor social, medir reacciones de la opinión pública y, sobre todo, condicionar el debate interno del oficialismo. También funcionan como mensaje a Milei: el establishment está dispuesto a acompañar siempre que el rumbo no cambie.
La jugada tiene otro efecto colateral. Al poner el foco en millonarios “no políticos”, se refuerza la idea de que la solución a los problemas argentinos vendría de alguien que “sabe de negocios” y no de la política profesional. Es la misma lógica que en su momento favoreció la llegada de Milei al poder.
Sin embargo, la realidad es más compleja. La historia argentina está llena de empresarios que, una vez en el poder o cerca de él, terminaron reproduciendo vicios similares a los que criticaban. Las relaciones con el Estado no desaparecen por el solo hecho de no haber ocupado antes una banca o un ministerio.
Desde el vamos, la discusión sobre 2027 parece girar en torno a una pregunta estrecha: ¿quién asegura que el modelo actual no se revierta? Esa estrechez habla más del miedo al cambio que de una verdadera renovación. Mientras tanto, los problemas estructurales de la Argentina —educación, salud, infraestructura, inclusión productiva— siguen esperando que alguien los coloque en el centro de la agenda.
El círculo rojo, en definitiva, no está buscando outsiders. Está buscando garantías de continuidad con otro nombre y otra cara. En criollo: quiere que el programa económico siga, pero con alguien que no cargue con el desgaste político que inevitablemente acumula quien gobierna.