EEUU registró deflación en junio: la más fuerte desde la pandemia
El Índice de Precios al Consumidor de Estados Unidos cayó con fuerza en junio por el derrumbe de los precios de la energía tras el cese al fuego con Irán. ¿Qué significa esto para la economía global y la región?
El dato sorprendió a muchos analistas: en junio, Estados Unidos registró una variación negativa en su Índice de Precios al Consumidor (IPC), la deflación más pronunciada desde los primeros meses de la pandemia de COVID-19.
Según los datos oficiales publicados por la Oficina de Estadísticas Laborales, los precios al consumidor cayeron un 0,4% respecto al mes anterior, impulsados principalmente por el desplome de los precios de la energía. El barril de petróleo Brent y el WTI perdieron más del 18% de su valor en apenas tres semanas tras el anuncio del cese al fuego entre Washington y Teherán.
Por qué ocurrió esta deflación
La explicación es bastante directa. Cuando los precios internacionales de la energía caen de manera abrupta, se traslada rápidamente a los surtidores de nafta y al costo de transporte y producción en general. En Estados Unidos, donde el consumo de combustibles es masivo, este efecto es especialmente visible en el IPC.
El cese al fuego en Medio Oriente eliminó uno de los principales riesgos geopolíticos que mantenían elevados los precios del crudo. Sin esa prima de riesgo, el mercado se ajustó a la baja con velocidad. Los analistas de Goldman Sachs y JPMorgan ya habían advertido que un acuerdo de este tipo podía generar una caída de entre 15 y 25 dólares por barril.
¿Es buena o mala la deflación?
Acá es donde la cosa se pone interesante. A diferencia de lo que muchos creen, no toda deflación es igual. La que estamos viendo es lo que los economistas llaman "deflación buena": viene por el lado de la oferta (precios de commodities más bajos) y no por una contracción brutal de la demanda.
Sin embargo, si esta tendencia se profundiza y se extiende a otros rubros, podría generar problemas. Cuando la gente espera que los precios sigan bajando, posterga compras. Eso frena la economía. Japón vivió décadas de esto y le costó horrores salir.
Impacto en la Reserva Federal y las tasas
La Fed venía enviando señales de que podría bajar las tasas de interés en los próximos meses. Este dato de deflación seguramente acelere esa decisión. Con inflación bajo control (o directamente negativa), Jerome Powell tiene más margen para estimular la economía sin temor a que se descontrole el precio del dinero.
Para los mercados, esto es una buena noticia. Los bonos del Tesoro subieron, las acciones tecnológicas reaccionaron positivamente y el dólar se debilitó frente a las principales monedas emergentes, incluyendo el peso argentino.
¿Qué significa para Argentina y la región?
Para los países exportadores de commodities como el nuestro, una baja fuerte y sostenida del petróleo tiene doble filo. Por un lado, abarata el costo de importar energía y puede ayudar a controlar la inflación local. Por el otro, si el precio del crudo se mantiene bajo, afecta las economías que dependen de exportar petróleo (como Venezuela o, en menor medida, Colombia y Ecuador).
En el caso argentino, el efecto más directo se sentirá en el precio de los combustibles. YPF y las petroleras locales ya están ajustando sus valores de referencia. Para el bolsillo de la gente, nafta más barata significa menor costo de transporte y, eventualmente, menor presión sobre los precios de los alimentos que requieren logística intensiva.
El riesgo de que sea algo temporario
Los economistas más cautelosos advierten que no hay que sacar conclusiones definitivas de un solo mes. El precio del petróleo es volátil y cualquier tensión nueva en Medio Oriente podría revertir esta tendencia rápidamente. Además, los precios de los alimentos y los servicios (dos componentes importantes del IPC) siguen mostrando subas, aunque más moderadas.
La realidad es que la deflación de junio parece más un episodio puntual ligado a la geopolítica que el comienzo de una nueva era de precios a la baja. Pero igual vale la pena seguirlo de cerca: en un mundo con tanta incertidumbre, cualquier movimiento grande en los precios de la energía termina afectando la vida cotidiana de millones de personas.
Lo cierto es que, por ahora, el tanque lleno sale más barato. Y en tiempos donde todo sube, esa noticia se agradece.