Deuda: ¿Luis Caputo no sale porque no quiere o porque no puede?
Los mercados voluntarios de deuda siguieron abiertos para emergentes el mes pasado, pero las nuevas condiciones complican las opciones del equipo económico. Analizamos si Caputo elige no colocar nueva deuda o si realmente no puede.
El mes pasado los mercados voluntarios de deuda internacionales siguieron abiertos, incluso para países de economías emergentes. Sin embargo, las nuevas condiciones que se están configurando podrían complicar el futuro accionar del equipo económico que lidera Luis Caputo.
La pregunta que circula en los pasillos financieros y en las mesas de dinero es cada vez más directa: ¿el ministro no emite nueva deuda porque no quiere o porque, lisa y llanamente, no puede?
El contexto internacional cambió
Durante abril, varios países emergentes lograron colocar bonos en los mercados voluntarios. Indonesia, por ejemplo, colocó deuda a tasas razonables. Incluso algunos soberanos africanos accedieron a financiamiento. El apetito por riesgo no desapareció del todo, pero se volvió mucho más selectivo y exigente.
Los inversores ahora piden spreads más altos, exigen covenants más duros y miran con lupa las variables fiscales de cada país. En ese marco, Argentina aparece como uno de los nombres que genera más dudas, a pesar de la estabilización macro que se logró en los últimos meses.
Las señales del equipo económico
Desde el Ministerio de Economía insisten en que la estrategia actual es “no tomar deuda nueva voluntaria” mientras se pueda evitar. La idea es seguir bajando el stock de pasivos remunerados, acumular reservas y mejorar el perfil de la deuda existente antes de volver a los mercados de forma sostenida.
Caputo repite que “no hay apuro” y que la Argentina está en condiciones de esperar a que las condiciones mejoren. Según esta mirada, salir ahora sería aceptar tasas prohibitivas que complicarían el futuro.
Pero hay otra lectura posible: que las puertas están más cerradas de lo que se admite públicamente. Fuentes del mercado sostienen que, si bien hubo sondeos, las condiciones que los bancos y fondos estarían dispuestos a ofrecer son mucho peores de las que el Gobierno está dispuesto a aceptar.
¿Qué cambió en los últimos meses?
Primero, la incertidumbre global por las políticas de la administración Trump y el impacto en los flujos hacia emergentes. Segundo, la propia dinámica argentina: si bien se logró superávit primario, la licuación de pasivos vía inflación y tasas reales negativas generó desconfianza en algunos inversores institucionales.
Tercero, el calendario electoral de medio término en EE.UU. y las dudas sobre cómo seguirá la política monetaria de la Fed terminan de complicar el panorama para los países que, como la Argentina, necesitan demostrar que el ajuste es sustentable en el tiempo.
La cuenta regresiva de los vencimientos
Más allá de la discusión filosófica sobre si conviene o no volver a los mercados, hay un dato concreto: en 2025 empiezan a vencer los bonos reestructurados en 2020. Si no se logra mejorar el perfil de deuda antes, el país podría enfrentarse a un nuevo tramo de renegociaciones complicadas.
Por eso, la estrategia de “esperar” tiene un límite temporal. No es lo mismo negociar con mercados abiertos que tener que salir a colocar deuda cuando los inversores ya saben que no tenés demasiadas alternativas.
La visión de los analistas
Consultados por El Insignia, varios economistas coincidieron en que Caputo está jugando una partida de ajedrez con tiempos muy ajustados. “Hay una mezcla de las dos cosas”, resumió uno de los analistas que sigue de cerca la deuda soberana. “No quiere pagar lo que le piden hoy, pero también es cierto que lo que le ofrecen no es atractivo ni sostenible”.
Otros son más duros: sostienen que la falta de un acuerdo con el FMI que abra la puerta a un programa más ambicioso está limitando las opciones de financiamiento externo. Sin ese “paraguas” institucional, los mercados privados se mantienen cautelosos.
Qué puede hacer el Gobierno de acá en adelante
Las opciones que se manejan en los despachos oficiales pasan por tres carriles:
- Seguir acumulando reservas a través del superávit comercial y la liquidación de exportaciones.
- Avanzar en operaciones de canje de deuda local por externa cuando las condiciones mejoren.
- Preparar el terreno para una salida ordenada a los mercados internacionales hacia fines de 2025 o principios de 2026.
Mientras tanto, la consigna sigue siendo clara: no emitir deuda nueva en dólares a tasas que después sean imposibles de pagar.
La encrucijada real
La realidad es que la disyuntiva “no quiere o no puede” es, en gran medida, artificial. En economía, casi siempre se trata de costos y beneficios. Hoy el costo de salir parece demasiado alto para el beneficio que traería. Mañana, si las condiciones internas o externas empeoran, ese cálculo puede cambiar rápidamente.
Caputo sabe que volver a los mercados antes de tiempo puede hipotecar el futuro. Pero también sabe que quedarse demasiado tiempo afuera puede generar una dinámica de “riesgo país crónico” que termine siendo aún más cara.
Por ahora, la estrategia es esperar. La pregunta es hasta cuándo esa espera será una decisión y cuándo se convertirá en una limitación.
En criollo: el mercado está abierto… pero no para cualquiera. Y la Argentina, por ahora, sigue en la lista de los que tienen que demostrar un poco más antes de que les abran la puerta de par en par.