Consultoras privadas proyectan inflación por debajo del 2% en junio
Las estimaciones de consultoras privadas indican una nueva desaceleración del IPC para junio, impulsada por la estabilidad en alimentos y los ajustes moderados en servicios regulados. Sin embargo, advierten sobre los riesgos que representan las tarifas, los combustibles y el dólar a partir de julio.
Las principales consultoras económicas del país coinciden en que la inflación de junio se ubicaría por debajo del 2%, lo que marcaría el registro más bajo de los últimos años y consolidaría la tendencia a la desaceleración que se viene observando desde principios de 2024.
Según el promedio de las proyecciones recolectadas por diferentes relevamientos, el IPC nacional rondaría el 1,7% para el sexto mes del año. Este número representa una baja significativa respecto al 2,2% de mayo y se explica principalmente por dos factores: la relativa calma en los precios de los alimentos y bebidas, y los aumentos moderados en los servicios regulados que impactan en la canasta.
"La desaceleración sigue siendo clara en los bienes y servicios más sensibles para el bolsillo", explican desde una de las consultoras más consultadas del mercado. Los alimentos, que habían mostrado cierta resistencia en los primeros meses, estarían cerrando el mes con una suba cercana al 1%, impulsados por la estabilización en carnes, lácteos y algunos productos de la canasta básica.
¿Qué impulsa esta baja?
El contexto de demanda deprimida sigue siendo el principal ancla inflacionaria. Con una actividad económica que no termina de repuntar y salarios que, en términos reales, aún se recuperan lentamente, los precios encuentran poca capacidad de traslado a los consumidores.
Además, la política fiscal restrictiva y la acumulación de reservas en el Banco Central contribuyen a generar expectativas más ancladas. Varias consultoras destacan que la brecha cambiaria se mantiene en niveles manejables y que, por ahora, no se observan tensiones fuertes en el tipo de cambio paralelo que puedan contaminar al resto de los precios.
Los riesgos que se asoman desde julio
Sin embargo, el optimismo no es total. Los analistas advierten que a partir del segundo semestre comienzan a aparecer varios factores que podrían complicar la continuidad de esta tendencia a la baja.
En primer lugar aparecen las actualizaciones tarifarias. Después de varios meses de congelamiento o aumentos muy por debajo de la inflación acumulada, el gobierno ya anunció que en julio habrá ajustes en luz, gas y agua que podrían ser más significativos. Estos rubros tienen un peso importante en el IPC y su impacto se sentirá de lleno en el séptimo mes.
Los combustibles también representan un riesgo. Con el precio internacional del petróleo relativamente estable pero con un tipo de cambio que, si se deprecia según el esquema crawling peg, podría generar presión alcista en las naftas y el gasoil. Cualquier corrección mayor al 2% mensual en los surtidores se traslada rápidamente a los costos de transporte y, por ende, a los precios de muchos bienes.
Por último, la evolución del tipo de cambio oficial y la brecha con el dólar blue será clave. Si bien hasta ahora el Central ha logrado administrar las expectativas, cualquier señal de que el esquema cambiario se tensiona podría generar un rebote inflacionario, especialmente en bienes transables y en las expectativas de devaluación.
¿Qué significa esto para la economía real?
Una inflación por debajo del 2% mensual es una buena noticia para el poder adquisitivo, aunque hay que tomar los números con cuidado. En términos interanuales, la inflación aún se ubica por encima del 50% y el camino para llegar a un dígito anual sigue siendo largo.
Para los hogares, la desaceleración se siente principalmente en los bienes de consumo frecuente. Sin embargo, los servicios (alquileres, prepagas, colegios) siguen corriendo por arriba de la inflación general y erosionan el ingreso real de las familias de clase media.
Los analistas coinciden en que, para que la baja sea sostenible, será clave que el gobierno logre coordinar la salida gradual de los controles de precios y tarifas con una recuperación genuina de la actividad económica. De lo contrario, corremos el riesgo de cambiar un problema (inflación alta) por otro (estanflación).
La realidad es más aburrida: no hay soluciones mágicas ni atajos. La desaceleración inflacionaria es real y bienvenida, pero su sostenibilidad dependerá de cómo se manejen los ajustes pendientes en tarifas, dólar y salarios en los próximos meses. Por ahora, junio pinta como un mes de buenas noticias en materia de precios, pero nadie se anima a cantar victoria todavía.