Confianza industrial en caída libre: la peor en casi un año según el INDEC
El indicador de confianza industrial del INDEC registró en mayo su peor caída en once meses. Las empresas anticipan menos producción, pedidos internos débiles y una contracción en el empleo para los próximos meses.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dio a conocer este jueves los datos del Indicador de Confianza Industrial (ICI) correspondiente a mayo, y el panorama no es alentador: registró la peor caída en casi un año.
El índice cayó 4,6 puntos respecto a abril y se ubicó en 48,1 puntos, por debajo de la línea de los 50 que separa el terreno optimista del pesimista. Es la lectura más baja desde junio de 2024 y marca un claro deterioro en las expectativas de los empresarios del sector manufacturero.
Según el relevamiento oficial, las perspectivas para el trimestre junio-agosto muestran balances negativos en tres variables clave: nivel de producción, pedidos internos y demanda de mano de obra. Las empresas prevén menos actividad, menos ventas en el mercado local y una reducción en la cantidad de puestos de trabajo.
¿Qué está pasando en las fábricas?
El componente de expectativas a tres meses fue el que más se derrumbó. El balance entre quienes esperan una mejora y quienes anticipan un empeoramiento en la producción se volvió claramente negativo. Lo mismo ocurrió con los pedidos realizados por clientes del mercado interno, que venían sosteniendo parte de la actividad en los últimos meses.
En paralelo, las expectativas de contratación de personal también se tiñeron de rojo. Por primera vez en varios meses, la mayoría de las empresas consultadas anticipa una reducción de plantilla en lugar de una expansión.
Desde el sector industrial vienen advirtiendo hace semanas que la combinación de alta tasa de interés, dólar bajo que encarece las exportaciones y un consumo interno que no termina de repuntar está complicando la ecuación. Muchas pymes ya están operando con capacidad ociosa elevada y postergando inversiones.
El contexto macro que explica (en parte) esta caída
La inflación, aunque bajó, sigue siendo un problema. El consumo masivo viene mostrando signos de agotamiento después del rebote post-devaluación. Además, la recesión que arrancó a fines de 2023 todavía no se disipó del todo en algunos rubros manufactureros.
Hay que recordar que el ICI es un indicador cualitativo: pregunta a los empresarios cómo ven la situación actual y futura. No mide producción real, pero suele ser un buen predictor de lo que viene. Cuando la confianza se derrumba de esta manera, suele anticipar menor actividad y, eventualmente, menor empleo.
Qué dicen los datos duros que acompañan
El INDEC también publicó el Indicador de Producción Industrial (IPI) de abril, que mostró una variación interanual negativa. Si bien algunos sectores como el automotriz y el de minerales no metálicos mostraron mejoras, la mayoría de las divisiones manufactureras siguen en terreno negativo respecto a 2024.
La utilización de la capacidad instalada en la industria se mantiene por debajo del 70% en promedio, con fuertes dispersiones: mientras algunas ramas trabajan al 80%, otras no llegan al 50%.
¿Hay alguna luz al final del túnel?
Algunos analistas sostienen que la baja de tasas de interés que viene impulsando el Banco Central podría aliviar la presión financiera sobre las empresas y, eventualmente, reactivar el crédito productivo. Otros, en cambio, creen que sin una recuperación clara del poder adquisitivo de los salarios y sin un dólar competitivo para las exportaciones, la industria seguirá sufriendo.
Lo concreto es que, por ahora, los industriales están votando con sus expectativas: menos producción, menos pedidos y menos empleo. Y eso, en un país donde la industria representa alrededor del 15% del PBI y genera millones de puestos de trabajo directos e indirectos, no es una buena noticia.
Desde el Gobierno sostienen que se están sentando las bases para un crecimiento sostenido a mediano plazo, con énfasis en la estabilización macroeconómica. Los empresarios, por ahora, parecen estar esperando señales más concretas antes de volver a apostar fuerte.