Economía

Cae el empleo formal y el salario mínimo pierde casi 40% de poder adquisitivo

Desde noviembre de 2023 se perdieron más de 200.000 empleos registrados. La industria y el comercio lideran las caídas, mientras el salario mínimo vital y móvil acumula una pérdida de poder de compra cercana al 40%.

Publicado el 28 de junio de 2026, 19:50 hs

Gráfico descendente de empleo formal en Argentina con fábricas y comercios cerrados

Los datos oficiales del Ministerio de Trabajo confirman lo que se venía anticipando: el empleo formal volvió a caer en los últimos meses. Desde noviembre de 2023 se perdieron más de 200.000 puestos de trabajo registrados, con la industria manufacturera y el comercio como los sectores más golpeados.

Según las cifras del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), la destrucción de empleo se aceleró en el primer trimestre de 2024. Solo en marzo se registraron cerca de 40.000 bajas netas, un número que preocupa porque se suma a las caídas previas y no muestra signos de recuperación.

La industria es, sin dudas, el sector más afectado. Las fábricas vienen reduciendo personal por la fuerte caída de la demanda interna y las dificultades para exportar. En algunos rubros como el textil, el calzado y los autopartes, las suspensiones y despidos se volvieron cotidianos. El comercio minorista tampoco se salva: con el consumo deprimido, muchas PyMEs optaron por achicar planteles o directamente cerrar sus puertas.

El salario mínimo, en caída libre

Paralelamente, el Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) perdió casi el 40% de su poder adquisitivo en los últimos seis meses. El último aumento dispuesto por el gobierno —que fue del 15%— quedó muy por debajo de la inflación acumulada en el mismo período.

En criollo: un trabajador que cobra el mínimo hoy puede comprar bastante menos que a fines de 2023. Esto afecta no solo a los formales que perciben ese piso, sino también a millones de jubilados y beneficiarios de programas sociales que tienen sus haberes atados a ese valor de referencia.

Los especialistas consultados coinciden en que esta combinación —menos empleo formal y salarios que pierden terreno frente a los precios— está configurando un escenario de recesión profunda. "No es solo que hay menos gente trabajando, sino que quienes conservan el empleo ven cómo su capacidad de consumo se achica mes a mes", explica un economista del Observatorio de la Deuda Social.

¿Qué pasa con los números oficiales?

El gobierno insiste en que la inflación está bajando y que eso permitirá, en algún momento, una recuperación. Sin embargo, los datos de empleo y salarios reales muestran que la salida de la recesión todavía no se ve en el bolsillo de la gente. Las consultoras privadas estiman que la desocupación ya superaría el 8% y podría seguir subiendo si la actividad no repunta en el segundo semestre.

Desde las cámaras empresarias también admiten la dificultad. "No damos abasto con los costos y la demanda no acompaña", resumió el titular de una de las principales asociaciones del comercio. El resultado es un círculo vicioso: menos consumo, menos ventas, menos empleo.

El impacto en las familias

Para las familias de clase media y baja, esta realidad se traduce en mayor precarización. Muchos trabajadores formales están pasando a empleos informales o directamente al desempleo. Otros optan por pluriempleo o por recurrir a programas sociales para complementar ingresos que ya no alcanzan.

La pérdida de poder adquisitivo del salario mínimo no es un dato aislado. Afecta la negociación paritaria de miles de convenios colectivos que usan esa cifra como referencia. También complica la vida de los monotributistas y de los trabajadores de la economía popular.

Mientras el Ejecutivo apuesta a que la estabilización macroeconómica termine derramando hacia abajo, los números del mercado laboral muestran que ese derrame todavía no llega. La pregunta que queda flotando es cuánto tiempo más pueden resistir las familias y las pequeñas empresas este ajuste tan profundo.

Por ahora, la tendencia es clara: menos puestos de trabajo formales y salarios que rinden cada vez menos. Un combo que, según todos los analistas, va a seguir condicionando el consumo y la actividad económica en los próximos meses.

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