Bancos podrían prestar u$s6.000 millones tras la nueva flexibilización, según Furiase
El secretario de Finanzas aseguró que la medida del Gobierno permitirá destrabar créditos por 6.000 millones de dólares, con fuerte impacto en construcción y pymes. Analizamos qué significa para la economía real.
El secretario de Finanzas, Federico Furiase, afirmó que la reciente flexibilización de las normas bancarias podría destrabar préstamos por hasta 6.000 millones de dólares. La cifra no es menor: equivale a casi el 1% del PBI argentino y llega en un momento donde el crédito al sector privado sigue siendo uno de los talones de Aquiles de la economía post-cepismo.
Según el funcionario, la medida apunta principalmente a destrabar el fondeo para el sector de la construcción, uno de los que más empleo genera y que viene golpeado por la recesión. "Es un impulso directo a la actividad económica real", señaló Furiase en declaraciones recogidas por medios locales.
La flexibilización permite a los bancos reducir las exigencias de encajes y reservas, liberando capacidad crediticia que hasta ahora estaba atada. En la práctica, esto significa que entidades financieras podrán prestar más sin necesidad de captar nuevos depósitos de forma inmediata, un cambio que los bancos privados venían reclamando desde hace meses.
Desde la Ciudad de Buenos Aires, donde operan la mayoría de las grandes entidades, la expectativa es que parte de esos 6.000 millones se vuelquen a créditos hipotecarios UVA ajustados y a financiamiento para PyMEs del rubro construcción. El impacto local es concreto: en barrios como Palermo, Villa Crespo o La Boca, donde hay obras paradas o en cámara lenta, un flujo extra de crédito podría reactivar proyectos que hoy dependen de la demanda privada.
Expertos consultados coinciden en que el efecto multiplicador puede ser significativo. Cada peso prestado en construcción arrastra inversión en materiales, mano de obra y servicios. En un contexto donde la inflación parece estabilizarse pero el consumo sigue deprimido, este tipo de medidas buscan dar oxígeno sin volver a las viejas prácticas de emisión descontrolada.
Sin embargo, no todo es color de rosa. Analistas advierten que el éxito de la medida dependerá de la demanda efectiva: si las familias y las empresas no toman los créditos por temor a la devaluación o a tasas altas, el dinero puede quedarse dando vueltas en el sistema financiero sin llegar a la economía real.
Furiase insistió en que esta flexibilización forma parte de un paquete más amplio de normalización monetaria. "Estamos pasando de una economía de cepo y subsidios a una de mercado", resumió. La frase suena repetida, pero en los números que maneja Hacienda el impacto proyectado es claro: hasta fin de año, el crédito al sector privado podría crecer entre 15% y 20% en términos reales si la medida surte efecto.
Para las startups y PyMEs tecnológicas que necesitan capital de trabajo, el anuncio también abre una ventana. Aunque el grueso se destinará a construcción, el alivio en los encajes bancarios suele terminar derramando hacia otros rubros. En el ecosistema emprendedor porteño, donde el financiamiento sigue siendo caro, cualquier baja en las tasas implícitas es bienvenida.
Lo que nadie cuenta todavía es cómo se va a monitorear que esos 6.000 millones terminen efectivamente en la economía productiva y no en la compra de dólares o instrumentos financieros. Ahí estará la clave del éxito o fracaso de la iniciativa.
Por ahora, el mercado reaccionó positivamente. Las acciones de bancos subieron en la rueda posterior al anuncio y los bonos soberanos mostraron cierta mejora. Resta ver si, como tantas veces en la historia argentina, la teoría crediticia se traduce en ladrillos, empleos y actividad concreta en las calles de Buenos Aires.