Advierten que los dólares de Vaca Muerta no alcanzan: el rol de la política industrial y las lecciones de 3
Según Fundar, aunque las exportaciones de productos primarios por habitante se tripliquen hacia 2035, no llegarían a los niveles de los países más ricos en recursos. ¿Por qué? El rol clave de la política industrial y qué podemos aprender de Noruega, Australia y Chile.
Desde la organización Fundar advierten que, aunque las exportaciones de productos primarios por habitante en la Argentina se tripliquen hacia 2035, no alcanzarían los niveles de los países más ricos en recursos naturales. El informe pone el foco en Vaca Muerta y el gas y petróleo no convencional, pero insiste: los dólares del shale no van a ser suficientes si no hay una política industrial seria que los acompañe.
En criollo: no alcanza con vender más commodities. Hace falta procesarlos, agregar valor y generar cadenas productivas que multipliquen el efecto de cada dólar que entra. Eso es lo que separa a los países que logran prosperar con sus recursos de los que se estancan en la maldición de la abundancia.
El diagnóstico de Fundar
El estudio proyecta que las exportaciones primarias argentinas podrían pasar de los actuales US$ 1.800 por habitante a alrededor de US$ 5.400 en 2035. Suena a mucho, pero sigue estando lejos de los US$ 15.000 a US$ 25.000 que muestran países como Noruega, Australia o incluso Chile en ciertos rubros. La brecha no se explica solo por el tamaño de los yacimientos, sino por la capacidad de transformar esos recursos en bienes con mayor valor agregado.
Vaca Muerta es el ejemplo más claro. El yacimiento ya genera divisas y promete mucho más. Sin embargo, la mayor parte de lo que se exporta hoy son hidrocarburos en crudo o con muy poca elaboración. El salto a petroquímica, fertilizantes, plásticos o incluso hidrógeno verde requiere inversión, infraestructura y, sobre todo, una política de Estado que no cambie cada cuatro años.
Qué hicieron tres países que sí lo lograron
Noruega es el caso más citado. Cuando descubrió petróleo en el Mar del Norte, creó un fondo soberano que hoy supera el billón de dólares y una política industrial que obligó a las operadoras a capacitar mano de obra local, desarrollar proveedores nacionales y reinvertir parte de las ganancias en tecnología. No vendieron solo crudo: crearon una industria de servicios petroleros de clase mundial.
Australia, por su parte, aprovechó su riqueza mineral (hierro, carbón, litio) para impulsar un sector de maquinaria pesada, ingeniería y procesamiento que genera empleo calificado. No eliminó la minería, la reguló con visión de largo plazo y la conectó con universidades y centros de I+D.
Chile, más cercano culturalmente, es un caso interesante. Con el cobre como estrella, pasó de exportar mineral en bruto a convertirse en uno de los mayores productores de cátodos y, más recientemente, a desarrollar una incipiente industria de baterías de litio. Todo con una política industrial explícita que incluye incentivos fiscales, acuerdos con universidades y fondos de desarrollo productivo. No fue magia: fue decisión política sostenida.
La lección para la Argentina
El informe de Fundar es claro: sin una política industrial que defina prioridades, otorgue incentivos coherentes y genere previsibilidad, los dólares de Vaca Muerta van a servir para pagar importaciones y estabilizar la macro, pero no para transformar la estructura productiva del país.
Eso implica varias cosas concretas. Primero, definir qué sectores se quieren desarrollar a partir de los hidrocarburos: petroquímica, fertilizantes nitrogenados, plásticos de especialidad, hidrógeno. Segundo, condicionar los beneficios fiscales y regulatorios a que las empresas inviertan en proveedores locales y capacitación. Tercero, crear un fondo soberano que acumule parte de la renta extraordinaria para financiar la transición energética y el desarrollo tecnológico.
Por qué importa ahora
La Argentina está en un momento bisagra. Después de años de ajuste fiscal y macroeconómico, aparece la oportunidad de que Vaca Muerta genere un superávit estructural de divisas. Pero si ese superávit se gasta solo en consumo o en pagar deudas sin invertir en capacidades productivas, estaremos repitiendo el ciclo de boom y crisis que ya conocemos.
Los países que hoy viven bien de sus recursos naturales no lo lograron dejando que el mercado solo resolviera. Tuvieron políticas activas, consistentes en el tiempo y con cierto grado de consenso. Esa es la lección más incómoda para una Argentina acostumbrada a pelearse por todo.
La realidad es más aburrida: no hay atajo. Vaca Muerta puede ser una gran oportunidad, pero solo si se la usa para construir algo más que pozos y exportaciones de crudo. De lo contrario, en 2035 seguiremos discutiendo por qué “tenemos todo” y seguimos sin llegar.