ADRs y riesgo país sufren fuerte golpe en agosto: qué hay detrás de la caída de los activos argentinos
Los ADRs acumularon pérdidas de hasta 18% y el riesgo país subió casi 12% hasta los 480 puntos básicos. Analizamos los factores domésticos que explican por qué los activos locales se despegaron de la mejora en los mercados emergentes.
Los activos argentinos atraviesan un agosto complicado, con dos semanas consecutivas de bajas que los alejaron de la tendencia alcista observada en otros mercados emergentes. En apenas dos semanas, los ADRs registraron pérdidas de hasta 18%, el riesgo país avanzó casi 12% hasta alcanzar los 480 puntos básicos y el S&P Merval cedió 4,5% en dólares, ubicándose cerca de los u$s 1.867.
Este movimiento adquiere mayor relevancia porque ocurrió en un contexto internacional favorable: el dólar mayorista se mantuvo estable cerca de los $1.500, los datos de inflación de Estados Unidos bajaron las expectativas de endurecimiento de la Reserva Federal y Wall Street mantuvo una dinámica positiva. Sin embargo, los papeles locales no acompañaron esa mejora y volvieron a quedar rezagados.
La renta variable fue una de las más afectadas. Los ADRs de las principales empresas argentinas que cotizan en Wall Street mostraron caídas pronunciadas, especialmente en el sector bancario. Banco Macro llegó a perder más del 10% en la última semana. Lo llamativo es que esto ocurrió incluso frente a resultados corporativos que, en varios casos, superaron ampliamente las expectativas: YPF y Pampa Energía superaron en más del 40% las estimaciones de ganancia por acción, y lo mismo ocurrió con Ternium y Telecom.
Esto indica que el mercado está haciendo una lectura más amplia sobre la Argentina. Los buenos balances no alcanzaron para contrarrestar el aumento de la percepción de riesgo sobre los activos locales. Según Ámbito, los inversores están priorizando factores domésticos por sobre los resultados individuales de las compañías.
En la deuda soberana el panorama no fue distinto. El riesgo país elaborado por JP Morgan escaló casi 12% en agosto hasta los 480 puntos básicos, mientras los bonos Globales mostraron bajas generalizadas: el GD38 y GD46 cayeron 1,1%, el GD35 perdió 0,9%, el GD41 0,8% y el GD30 0,3%. Esta corrección contrasta con el comportamiento de otros emergentes: los bonos de Ecuador subieron 0,6%, los de Pakistán 0,5% y los de Egipto 0,4%.
Para los analistas, esta divergencia confirma que la corrección tiene un fuerte componente doméstico y no responde solo a un aumento global de la aversión al riesgo. Entre las variables locales que más preocupan aparecen la liquidez del sistema financiero, el nivel de las tasas de interés, la inflación y las perspectivas para la economía en los próximos meses.
La inflación de julio se ubicó en 2,1% mensual, por encima del 1,9% de junio y ligeramente por encima de las expectativas. Si la desaceleración de los precios pierde fuerza, las tasas en pesos podrían necesitar una recomposición, lo que elevaría el costo de financiamiento tanto para el Tesoro como para el sector privado.
Además, comenzó a ganar peso entre los inversores la discusión sobre cuánto del deterioro actual responde a traspiés recientes de la macroeconomía y cuánto incorpora ya preocupaciones por salarios, empleo, nivel de actividad y el escenario político de cara a 2027.
La falta de correlación con Wall Street fue otro dato que llamó la atención. Los últimos números de inflación mayorista estadounidense fueron mejores a lo esperado y aumentaron a 65% las probabilidades de que la Fed mantenga su rango de tasas entre 3,50% y 3,75% en septiembre. En teoría, ese escenario debería ser favorable para los emergentes. Sin embargo, la combinación de factores locales y mayor cautela terminó pesando más.
Hasta julio, bonos como el GD35 acumulaban un retorno del 9% y superaban al promedio emergente y a países como Ecuador. La corrección de agosto prácticamente borró esa ventaja. Ahora, en las mesas de dinero se debate si esta caída representa una simple toma de ganancias dentro de una tendencia de fondo positiva o si marca un cambio más estructural en la percepción sobre los activos argentinos.
Por ahora, los números son contundentes: ADRs con bajas de hasta 18%, riesgo país cerca de los 480 puntos y un Merval en dólares que perdió 4,5% en las últimas cinco ruedas. El mercado vuelve a exigir señales claras tanto en lo macroeconómico como en lo político antes de retomar el optimismo que dominó buena parte del primer semestre de 2026.
La realidad es más aburrida: no hay un solo factor mágico que explique el movimiento. Es una combinación de liquidez ajustada, dudas sobre la sostenibilidad de la desaceleración inflacionaria, preocupación por la actividad económica y un horizonte político que empieza a aparecer en los radares de los inversores. Mientras no lleguen señales concretas que despejen estas dudas, la corrección puede prolongarse.