Economía

Wall Street sufrió por partida doble: más por la IA que por la guerra en Irán

La temporada de balances arrancó fuerte, pero los inversores miran con alarma el gasto descontrolado en inteligencia artificial. El conflicto en el estrecho de Ormuz genera ruido, aunque el verdadero dolor de cabeza viene de los billones que las big tech invierten en chips y data centers.

Publicado el 20 de julio de 2026, 01:05 hs

Gráfico de la bolsa de Wall Street cayendo con iconos de chips de IA y un mapa del estrecho de Ormuz al fondo
Ámbito — Economía

La temporada de balances del segundo trimestre en Wall Street arrancó con resultados sólidos para la mayoría de las grandes tecnológicas. Sin embargo, los inversores no están para festejos: el costo creciente de la carrera por la inteligencia artificial se está comiendo gran parte de las ganancias y genera más preocupación que las tensiones geopolíticas en Medio Oriente.

Según datos que se filtraron esta semana de los reportes de Meta, Microsoft, Google y Amazon, el gasto combinado en capex relacionado con IA superaría los 200 mil millones de dólares solo este año. Ese número no para de subir trimestre a trimestre. Los analistas de Morgan Stanley lo describieron sin vueltas: "Estamos ante la mayor inversión de capital de la historia moderna sin que exista todavía un retorno claro y medible".

El caso más emblemático es el de Meta. Mark Zuckerberg confirmó que este año destinará alrededor de 60 mil millones solo en infraestructura de IA. El mercado reaccionó con una caída de casi 4% en las acciones al día siguiente. Algo similar ocurrió con Microsoft, que elevó su guidance de capex para el próximo ejercicio fiscal en un 30% respecto a lo que había comunicado hace tres meses.

Mientras tanto, la noticia del fin de la tregua en el estrecho de Ormuz y la posibilidad de que Irán vuelva a bloquear el paso de petroleros generó un pico momentáneo en el precio del crudo. Sin embargo, el impacto en los índices fue marginal y de corta duración. Los operadores saben que el petróleo puede subir 5 o 10 dólares por barril, pero la IA se está llevando decenas de miles de millones de dólares de free cash flow todos los trimestres.

"El mercado ya descontó un conflicto regional limitado. Lo que no termina de descontar es si estas inversiones en IA van a generar los retornos que justifican el desembolso", explicó un portfolio manager de un fondo de cobertura con sede en Nueva York que prefirió mantener el anonimato.

El detalle que más inquieta a los analistas es que gran parte del gasto no va a modelos de lenguaje ni a interfaces bonitas, sino a la infraestructura física: data centers de última generación, chips especializados (sobre todo los de Nvidia) y el consumo eléctrico que eso implica. Algunos cálculos internos de las propias empresas hablan de que para 2027 el sector tecnológico podría representar entre el 8% y el 10% del consumo eléctrico total de Estados Unidos.

En paralelo, los resultados operativos siguen siendo buenos. Alphabet reportó ingresos por encima de las expectativas y un crecimiento del 14% en su negocio publicitario. Pero el mercado ya no premia solo eso. Quiere ver un camino claro hacia la monetización de la IA generativa. Y ese camino, por ahora, es borroso.

Lo que nadie cuenta en las conferencias de earnings calls es que varias de estas empresas están entrando en una especie de "carrera armamentística" de la que no pueden salirse. Si una para, las otras siguen y el que se queda atrás pierde terreno en lo que se presenta como la tecnología más disruptiva desde internet. Es un dilema del prisionero a escala de billones de dólares.

Los inversores minoristas, que hasta hace poco celebraban cada anuncio de inversión en IA como una señal de futuro brillante, ahora empiezan a preguntar en foros y en X si no estamos ante una burbuja de infraestructura similar a la de las torres de telecom durante la burbuja puntocom.

Por ahora, Wall Street opta por la cautela. Los índices cerraron la semana con caídas moderadas, pero el VIX (el "índice del miedo") subió casi un 18%. No por los misiles en el Golfo Pérsico, sino por la cuenta que no cierra entre lo que se gasta y lo que, hasta ahora, se puede cobrar por los nuevos productos de IA.

Hay algo de película de los 90 en esta situación: todos saben que la tecnología va a cambiarlo todo, pero nadie sabe exactamente cómo ni cuándo se va a pagar la fiesta. Mientras tanto, los balances siguen llegando, los gastos siguen subiendo y el mercado sigue preguntándose si esta vez será distinto.

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