Vaca Muerta eleva su propio techo: récord histórico de producción de petróleo
En mayo la Argentina volvió a romper su marca de extracción de crudo. El shale de Neuquén explica casi todo el crecimiento y marca un punto de inflexión para la industria.
La producción de petróleo en la Argentina alcanzó en mayo su nivel más alto de la historia. Según los datos oficiales que se conocieron esta semana, el país extrajo más de 720 mil barriles diarios, superando el récord anterior que databa de hace más de dos décadas.
El dato no es solo una cifra para festejar en despachos oficiales. Es la confirmación de que Vaca Muerta ya no es un proyecto prometedor: es la principal máquina de generación de divisas del país. El shale neuquino explica más del 60% de la producción total de petróleo y sigue creciendo a un ritmo que obliga a revisar las proyecciones cada pocos meses.
Lo que llama la atención es la velocidad del despegue. Hace apenas cinco años, muchos analistas dudaban de que Vaca Muerta pudiera escalar sin inversiones millonarias en infraestructura. Hoy, las empresas operadoras están logrando récords con la misma cantidad de equipos de perforación que hace dos años. La eficiencia técnica mejoró de manera notable: se perforan pozos más largos, se completa en menos días y la declinación inicial de los pozos se está controlando mejor.
El boom no se limita al petróleo. La producción de gas también muestra números sólidos, aunque el invierno puso a prueba la capacidad de transporte. Aun así, las inyecciones al sistema gasífero desde Neuquén permitieron reducir las importaciones de GNL y, en algunos días, hasta exportar excedentes a Chile.
Desde el lado de las empresas, YPF sigue siendo el jugador dominante, pero las operadoras privadas —Tecpetrol, Shell, Chevron, TotalEnergies y Vista— están aumentando su participación. Algunas de ellas ya anunciaron planes de expansión agresivos para 2025 y 2026, condicionados, claro, a la estabilidad macroeconómica y a la certeza de que las reglas no van a cambiar de un día para el otro.
El récord de mayo llega en un contexto particular. La demanda interna de combustibles se mantiene relativamente estable, por lo que el grueso del crecimiento se está volcando a exportaciones. Esto genera un doble efecto: más dólares para las arcas del Estado vía retenciones y, al mismo tiempo, presión sobre la capacidad de evacuación. El oleoducto Oldelval ya opera casi a tope y el proyecto Vaca Muerta Sur, que permitiría duplicar la capacidad de transporte al Atlántico, sigue en carpeta con plazos que se van estirando.
Hay quienes advierten que el techo actual puede convertirse en un cuello de botella si no se resuelve el tema de la infraestructura de transporte. Otros, más optimistas, sostienen que el propio mercado se está encargando de resolverlo: cada vez más empresas están invirtiendo en ductos propios o en soluciones intermedias como el tren a Puerto Rosales.
Lo concreto es que Vaca Muerta ya elevó su propio techo. Lo que hace un año parecía un objetivo ambicioso hoy ya fue superado. Y los números de junio, que se conocerán en las próximas semanas, sugieren que el récord de mayo puede ser apenas una escala más en el ascenso.
Para la economía argentina, cada barril adicional que sale de Neuquén representa menos dependencia de la soja, más previsibilidad cambiaria y, eventualmente, la posibilidad de empezar a pensar en un esquema de desarrollo distinto. No es magia. Es el resultado de años de aprendizaje técnico, de ajustes regulatorios y de una decisión política que, más allá de los vaivenes, se mantuvo en el tiempo.
El desafío ahora es sostenerlo. Porque romper récords es una cosa. Convertir ese techo en un piso estable y luego volver a elevarlo es lo que va a definir si Vaca Muerta termina siendo un capítulo más de la historia de los recursos no convencionales o el punto de partida de un cambio estructural de largo plazo.