US$482.000 millones de deuda externa: por qué es imposible pagarla
Alejandro Olmos Gaona desarma el relato oficial de desendeudamiento y explica el origen fraudulento de casi la mitad de la deuda argentina, el rol del FMI y por qué solo hay una salida política.
La deuda externa argentina ya roza los US$482.000 millones, según datos oficiales, y la cifra sigue creciendo día a día por los intereses que se acumulan. Esta situación no es nueva, pero el historiador y especialista Alejandro Olmos Gaona asegura que el problema se agravó en la gestión actual y que, tal como está planteada, resulta literalmente imposible de pagar.
En una extensa entrevista con Canal Abierto, Olmos Gaona desmonta el discurso oficial del “desendeudamiento” y pone el foco en datos y antecedentes históricos que la política suele evitar. Según sus cálculos, casi la mitad de la deuda pública actual proviene de deudas privadas originadas en la dictadura militar, luego estatizadas en los años 80 y 90 a través de mecanismos que califica de fraudulentos.
El especialista remarca que el relato de que se pagó o redujo la deuda es falso. Lejos de bajar, el endeudamiento creció durante la actual administración. “Es absolutamente imposible de pagar, no hay forma”, sentencia. Los vencimientos que se acumulan para 2027 complican aún más el panorama, y el “superávit” que se celebra desde el gobierno es, para Olmos Gaona, un superávit ficticio que no resuelve el problema de fondo.
El rol del FMI y la herencia de la dictadura
Uno de los ejes centrales del análisis es el origen de la deuda. Gran parte de ella se remonta a créditos contraídos durante la última dictadura que luego fueron transferidos al Estado. Ese mecanismo de estatización de deudas privadas sentó un precedente que se repitió en los 90 y que, según el historiador, nunca fue auditado ni cuestionado con la profundidad necesaria.
El Fondo Monetario Internacional aparece como actor clave en este ciclo. Cada nuevo acuerdo genera más deuda para pagar la anterior, creando un espiral de la que es muy difícil salir. Olmos Gaona sostiene que el país ya pasó por este camino varias veces y que los resultados siempre fueron los mismos: ajuste, recesión y más endeudamiento.
¿Luis “Toto” Caputo miente?
El especialista no esquiva la pregunta que circula en redes y en buena parte de la opinión pública. Según su visión, el actual ministro de Economía y varios funcionarios repiten un relato que no se sostiene cuando se miran los números reales. El supuesto superávit primario no contempla los intereses ni los vencimientos de capital que se vienen, por lo que la sostenibilidad financiera del esquema actual es, en sus palabras, una ilusión.
“La única certeza es que no hay forma de pagar, ni siquiera los próximos vencimientos”, afirma. Para Olmos Gaona, la salida no pasa por lo financiero sino por lo político: una decisión soberana que ponga en debate el origen ilegítimo de parte importante de la deuda y que priorice las necesidades de la población por sobre el pago de acreedores externos.
Qué viene en 2027 y el costo social
Los analistas coinciden en que 2027 será un año crítico por el volumen de vencimientos que deberá afrontar el país. Sin una renegociación profunda o un cambio de enfoque, el ajuste actual se profundizará, afectando jubilaciones, obras públicas, salud y educación. El especialista advierte que seguir por el mismo camino solo posterga el problema y lo agrava.
En un país donde la pobreza ya supera el 50% según distintas mediciones, continuar priorizando el pago de una deuda de origen cuestionado genera un costo social cada vez más alto. Olmos Gaona insiste en que la discusión debe salir del terreno técnico y volver al terreno político: qué país queremos y a quiénes beneficia realmente el esquema actual de endeudamiento.
El análisis de Alejandro Olmos Gaona, aunque incómodo para el relato oficial, pone sobre la mesa preguntas que la Argentina lleva décadas esquivando. Mientras los números de la deuda sigan subiendo y los intereses se devenguen sin pausa, la certeza que queda es una sola: sin una solución política de fondo, la cuenta sigue siendo impagable.