Economía

Milei recortó 10% el gasto primario en agosto para pagar 60% más de intereses de deuda

Según el informe de la Asociación Argentina de Presupuesto, el ajuste recayó con fuerza sobre jubilaciones, empleo público y transferencias a provincias. El Gobierno priorizó el pago de intereses, dejando al descubierto un déficit real que busca disimular.

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El Gobierno de Javier Milei recortó un 10% el gasto primario en agosto de 2026 para destinar un 60% más de recursos al pago de intereses de deuda, según reveló el último informe de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP).

El achique del Estado, que el Ejecutivo presenta como un logro de superávit, tuvo un impacto concreto sobre jubilaciones, salarios del sector público y envíos de coparticipación a las provincias. De esta forma, el pago de compromisos financieros se sostiene a costa de las partidas que más afectan a la población y al funcionamiento de las administraciones subnacionales.

El informe de ASAP pone en evidencia lo que muchos economistas vienen señalando: el superávit fiscal que celebra el Gobierno es en buena medida contable. Al priorizar el servicio de la deuda, se genera un déficit real que se disimula con recortes profundos en el gasto primario.

En números concretos, el gasto primario cayó 10% en términos reales durante agosto respecto al mismo mes del año anterior. En paralelo, los intereses de la deuda crecieron 60%. Esa brecha explica gran parte del resultado financiero positivo que se difunde oficialmente.

Las jubilaciones y pensiones fueron uno de los rubros más castigados, junto con el empleo público y las transferencias discrecionales a las provincias. Estos tres ítems concentraron la mayor parte del ajuste, dejando a las administraciones locales con menos recursos para atender demandas básicas.

Desde el Palacio de Hacienda se insiste en que el ajuste es la única forma de ordenar las cuentas y recuperar credibilidad. Sin embargo, el informe de ASAP sugiere que el costo social y territorial del recorte es elevado y que, detrás de la narrativa del superávit, persiste un déficit estructural que el Gobierno intenta ocultar mediante contabilidad creativa.

El debate sobre la sostenibilidad de este esquema recién empieza. Mientras los números globales lucen ordenados, la pregunta que queda flotando es cuánto tiempo se puede sostener un ajuste tan concentrado en sectores sensibles sin que genere tensiones políticas y sociales de mayor escala.

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