Supermercadistas en rojo: el Gobierno endurece la fiscalización para cazar evasores
Mientras el consumo sigue deprimido y los supermercados reportan pérdidas, el Ejecutivo prepara una batería de medidas para combatir la evasión impositiva. El sector formal denuncia competencia desleal de la informalidad.
El panorama es conocido pero no por eso menos preocupante: el consumo sigue en caída libre y los supermercados formales están operando en números rojos. En este contexto, el Gobierno nacional prepara un endurecimiento de los controles impositivos con el objetivo de reducir la evasión y recuperar recaudación.
Según fuentes del sector, las cadenas de supermercados vienen arrastrando meses de márgenes muy ajustados o directamente negativos. La combinación de inflación alta, caída del poder adquisitivo y la competencia de comercios informales o semi-informales que no pagan los mismos impuestos termina configurando un escenario casi insostenible para muchos.
"Estamos en rojo", sintetizó un ejecutivo de una cadena mediana que pidió reserva de su nombre. "La informalidad no solo evade impuestos, sino que puede vender más barato porque no paga luz, no paga sueldos en blanco ni aporta a obras sociales. Eso distorsiona todo el mercado".
Desde el Ejecutivo reconocen la baja de la recaudación y ven en la mayor fiscalización una de las pocas herramientas disponibles en el corto plazo. Se espera que en las próximas semanas se anuncien medidas concretas que incluirían mayor cruce de datos entre AFIP, bancos y sistemas de facturación electrónica, además de inspecciones más frecuentes en comercios de cercanía y mayoristas que abastecen al canal informal.
La estrategia no es nueva, pero sí parece haber ganado urgencia ante la necesidad de cerrar las cuentas fiscales. En los últimos meses, la recaudación impositiva viene mostrando signos de agotamiento, especialmente en impuestos asociados al consumo como el IVA.
Desde las cámaras que representan a los supermercados vienen reclamando hace tiempo por "competencia desleal". Según sus números, el canal informal habría ganado varios puntos de participación de mercado durante 2024. En barrios populares y zonas de clase media baja, verdulerías, almacenes sin caja registradora y ventas por delivery sin factura compiten directamente con las grandes cadenas.
Un dato que circula en off entre los empresarios es que muchos supermercados chicos y medianos están evaluando cerrar sucursales o directamente vender el negocio. La ecuación ya no cierra: costos fijos altos, ventas bajas y precios que no pueden subir más porque el cliente no da más.
El Gobierno, por su parte, apuesta a que una mayor presión sobre los evasores termine beneficiando al sector formal. Si se reduce la brecha de precios entre lo formal y lo informal, argumentan, parte del consumo podría volver a los canales regulados.
Sin embargo, desde el sector advierten que sin una recuperación del poder adquisitivo de los salarios, cualquier medida de control impositivo corre el riesgo de ser insuficiente. "Podés fiscalizar todo lo que quieras, pero si la gente no tiene plata para comprar, las góndolas siguen vacías", graficó un supermercadista del conurbano.
La tensión entre formalidad e informalidad no es exclusiva de los supermercados. Se replica en casi todos los rubros del comercio minorista. Pero en un sector tan sensible como el de los alimentos, donde los márgenes ya son naturalmente bajos, el problema se siente con mayor crudeza.
Queda por ver si las medidas que prepare el Ejecutivo logran el doble objetivo de aumentar la recaudación y dar un poco de aire al sector formal. Por ahora, los supermercadistas siguen mirando con preocupación cómo se achica el mercado y cómo crece la competencia que opera fuera de las reglas.