Sergio Galiana: “Las agendas de África y América Latina empiezan a ser muy parecidas”
El historiador de la UBA analiza los procesos soberanistas en el Sahel, el legado de Thomas Sankara y las similitudes crecientes entre las agendas políticas y económicas de África y América Latina.
El historiador Sergio Galiana, titular de la cátedra de Historia de la Colonización y Descolonización en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, sostiene que las agendas políticas de África y América Latina comienzan a mostrar similitudes cada vez más evidentes. En una entrevista publicada por Canal Abierto, Galiana analiza los cambios en el Sahel, la Alianza de Estados del Sahel (AES) integrada por Mali, Burkina Faso y Níger, y el resurgimiento de discursos soberanistas y anticoloniales.
Según el autor de Las descolonizaciones en África (Editorial UNGS, 2026), en la región del Sahel —una franja semidesértica afectada por desertificación, inestabilidad y disputas geopolíticas— han surgido gobiernos con fuerte impronta panafricana tras los golpes de Estado en Mali (2020), Burkina Faso (2022) y Níger (2023). Líderes como Assimi Goïta, Ibrahim Traoré y Abdourahamane Tiani priorizan la soberanía alimentaria, la nacionalización de recursos y la ruptura con la influencia francesa.
“Estos tipos lo que se ponen como primer objetivo es que la gente coma. Parece una estupidez ¿no? Lógico que en países donde la mayor parte de la población es campesina... Está gente está diciendo: ‘Sí, sí, esto hay que hacerlo. Pero además que la gente coma’”, explica Galiana. Para él, convertir el aumento de la productividad agrícola en política de Estado y avanzar en la nacionalización de minas de oro representan cambios significativos respecto al modelo neocolonial anterior.
Diferencias cronológicas y el peso del neocolonialismo
Galiana recuerda que la cronología africana difiere notablemente de la latinoamericana. Mientras en nuestra región el siglo XIX trajo las independencias, en África la colonización formal comenzó a fines de ese siglo y las independencias llegaron mayoritariamente en los años 60, muchas de ellas negociadas. En África Occidental, Francia mantuvo una fuerte presencia a través de lo que pasó de ser el Ministerio de las Colonias al de la Cooperación, una relación neocolonial que recién en los últimos años empezó a ser cuestionada abiertamente.
En Burkina Faso (antes Alto Volta), el legado de Thomas Sankara resulta central. En los años 80, durante la Guerra Fría, Sankara impulsó una revolución que buscaba un camino propio, ni copia del modelo soviético ni del capitalista occidental. Estableció vínculos con Cuba, cambió el nombre del país a “tierra de los hombres íntegros” y promovió políticas soberanas. Su experiencia terminó con un golpe de Estado en el que, según Galiana, Francia y Estados Unidos tuvieron responsabilidad. Hoy, el capitán Ibrahim Traoré reivindica abiertamente esa herencia.
Del ajuste estructural al rol de China
El historiador traza un paralelismo directo con América Latina en los planes de ajuste estructural impulsados por el Banco Mundial y el FMI. En África se aplicaron primero, con consecuencias aún más duras dada la base de desarrollo más débil. Achicamiento del Estado, énfasis en exportaciones y deterioro de servicios de salud y educación generaron una crisis profunda. La aparición de China en los 2000 ayudó a la recuperación económica del continente, ofreciendo una alternativa al modelo occidental.
“Las agendas de África y América Latina empiezan a ser muy parecidas”, afirma Galiana. Ambos continentes enfrentan los límites del modelo neoliberal, buscan mayor control sobre sus recursos naturales y cuestionan las relaciones de dependencia heredadas. En el Sahel, la salida de la CEDEAO, la expulsión de tropas francesas y el giro hacia socios como Rusia o Turquía marcan un intento de redefinir la inserción internacional.
Galiana reconoce las “turbulencias” y el “resultado incierto” de estos procesos, pero considera legítimo el interés que despiertan. “Ahí están pasando cuestiones que pueden habilitar un cambio de tendencia en la vinculación del continente africano con el mundo”, concluye.
La conversación invita a mirar con atención lo que ocurre en el Sahel. Más allá de los gobiernos militares y las complejidades geopolíticas, lo que emerge es una búsqueda de autonomía y de respuestas propias a problemas estructurales que, en muchos aspectos, ya no parecen tan lejanos a los nuestros.