Cuarto Oscuro: las imágenes tienen vida propia en la muestra de Rocke Oviedo
La exposición que celebra los 30 años de Humano Querido cruza fotografía, música y video en un espacio de Barracas. Se podrá visitar hasta el 26 de octubre.
En un local de Barracas, las paredes ya no son solo paredes. Son el soporte de un universo donde las fotos respiran, las canciones se convierten en luz y los recuerdos de tres décadas de rock porteño se mezclan con el presente.
Se llama Cuarto Oscuro y es la muestra que Rocke Oviedo armó para festejar los 30 años de Humano Querido, la banda que integra desde sus inicios. No es una retrospectiva al uso: es un cruce de disciplinas donde la fotografía no está quieta, donde cada imagen parece seguir viviendo después de haber sido capturada.
Oviedo, fotógrafo, músico y videoartista, transforma el espacio en una experiencia inmersiva. Las paredes están cubiertas de retratos en blanco y negro de músicos, de noches de recitales, de momentos que parecen congelados pero que, gracias a las proyecciones y al montaje, adquieren movimiento propio. Hay algo de cuarto revelador en todo esto: como si las fotos siguieran revelándose frente a los ojos del espectador.
La muestra dialoga constantemente con la música de Humano Querido. Temas de la banda suenan en bucle mientras las imágenes se superponen, se distorsionan o simplemente se detienen en un gesto que, de pronto, parece contar toda la historia de la banda: la amistad, la resistencia cultural, las noches eternas de Buenos Aires.
“Las imágenes tienen vida propia”, dice Oviedo, y esa frase resume el espíritu del trabajo. No se trata solo de documentar 30 años de trayectoria. Se trata de dejar que esas imágenes sigan mutando, que el público las complete con su propia mirada, que la frontera entre el archivo y la creación contemporánea se vuelva difusa.
El local elegido en Barracas no es casual. Es un espacio cultural que ya viene albergando propuestas que escapan a los circuitos más previsibles de la ciudad. Ahí, lejos de los grandes museos y de las galerías del centro, la muestra respira con la misma libertad con la que nació Humano Querido hace tres décadas: en los márgenes, con terquedad y con la convicción de que el arte no necesita permiso para existir.
Hasta el 26 de octubre, Cuarto Oscuro invita a entrar, apagar un poco la luz mental y dejarse llevar. Porque a veces, para entender tres décadas de rock argentino, no alcanza con escuchar los discos. Hay que ver cómo esas canciones y esas caras siguen latiendo en la penumbra de un cuarto que, en realidad, está más iluminado de lo que parece.