Economía

Señal de alarma: casi el 80% de las economías regionales están en crisis

Las economías regionales, responsables de más de un millón de empleos directos, sufren una crisis profunda que ya afecta al 80% de las actividades. Dos años de políticas restrictivas las tienen al límite.

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Canasta de consumo y gráfico del IPC argentino

Una señal de alarma clara recorre el interior del país: casi el 80% de las economías regionales se encuentran en crisis, según datos que vienen acumulándose desde hace más de dos años.

El campo argentino es mucho más que el agro en sí. Incluye el sector transformador, la cadena industrial completa y las grandes exportadoras. En conjunto, este universo representa uno de los tres pilares que mueven la actividad económica nacional. Sin embargo, son precisamente las economías regionales las que más están sufriendo el esquema restrictivo del gobierno. Su enorme dispersión territorial y su capacidad para generar empleo las convierten en un termómetro especialmente sensible.

Estas actividades representan alrededor de 1,2 millones de puestos de trabajo directos. Desde el vino en Mendoza y San Juan, pasando por el citrus del norte, el azúcar en Tucumán, la olivicultura en La Rioja y Catamarca, hasta la fruticultura en el Valle de Río Negro y Neuquén, el mapa productivo argentino está pintado de rojo.

Según un relevamiento reciente, el 78% de estas economías regionales se encuentran en una situación crítica o de franco retroceso. Algunas ya cerraron plantas, otras redujeron turnos drásticamente y muchas sobreviven con stocks mínimos y sin capacidad de inversión. El esquema macroeconómico, con alta tasa de interés, dólar bajo para las exportaciones y costos internos que no paran de subir, las tiene literalmente en jaque.

El problema no es nuevo. Lleva más de dos años acumulándose, pero en los últimos meses se agravó. Muchas empresas que lograron resistir la primera ola ahora están tomando decisiones irreversibles: suspensiones, despidos y, en casos extremos, cierre definitivo de plantas procesadoras.

Desde el sector productivo se insiste en que la dispersión geográfica de estas actividades es lo que las hace tan relevantes socialmente. Mientras el gran agro pampeano se concentra en pocas manos y en pocas provincias, las economías regionales sostienen miles de pueblos y ciudades del interior. Cuando una planta de jugos cierra en Concordia, no solo se pierden 200 puestos directos: se apaga una parte de la economía local entera.

Los datos duros son elocuentes. En la mayoría de las cadenas se registra caída de producción, disminución de exportaciones y aumento de stocks sin vender. El costo de financiamiento es prohibitivo, los salarios reales vienen en baja y la demanda interna no repunta. El círculo es vicioso.

Ante este panorama, desde distintos sectores productivos reclaman medidas específicas: revisión del esquema cambiario que castiga a los exportadores, acceso a créditos blandos para capital de trabajo y una política fiscal que no ahogue aún más a las pymes regionales. Porque si el 80% de estas economías siguen en terapia intensiva, el impacto en el empleo y en la actividad agregada terminará siendo inevitable.

La próxima cosecha puede ser un punto de inflexión, pero solo si las condiciones macro mejoran. De lo contrario, el riesgo es que se consolide un mapa productivo más chico y menos federal de lo que Argentina necesita.

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