Casi la mitad de las máquinas de las fábricas argentinas están paradas
Según un informe del Indec, la utilización de capacidad instalada en la industria cayó al 50,4% en julio. Varios rubros perdieron hasta 11 puntos y solo el petróleo y los caños de acero muestran números positivos.
El último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) sobre la utilización de la capacidad instalada en la industria pinta un panorama preocupante: en julio de 2026, el promedio nacional se ubicó en apenas 50,4%. Eso significa que casi la mitad de las máquinas y líneas de producción del país están paradas.
El dato representa una caída de 2,6 puntos porcentuales respecto al mismo mes del año anterior y confirma la tendencia de contracción que arrastra la industria desde hace varios trimestres. Algunos sectores registraron retrocesos de hasta 11 puntos en su nivel de actividad, lo que se traduce en plantas trabajando a media máquina, suspensiones y, en muchos casos, despidos.
Los números desnudan una realidad que ya venían alertando las cámaras sectoriales: la demanda interna debilitada, los altos costos de producción y la falta de crédito están dejando sin trabajo a gran parte del aparato productivo. En criollo, las fábricas producen solo lo que pueden vender y, en muchos casos, eso es muy poco.
Entre los rubros más golpeados aparecen la fabricación de automotores, donde la utilización cayó por debajo del 40%, el sector textil y el de electrodomésticos. También muestran números rojos la producción de maquinaria agrícola y la industria del plástico. En cambio, el sector petrolero y la fabricación de caños de acero sin costura fueron las únicas excepciones con niveles de utilización por encima del promedio nacional.
La paradoja es evidente: mientras la economía en general muestra ciertos signos de estabilización macroeconómica, la industria real sigue sin encontrar piso. Esto genera tensiones internas dentro de la Unión Industrial Argentina (UIA), donde conviven sectores que piden medidas urgentes de reactivación con otros que priorizan el equilibrio fiscal y la baja de la inflación.
Desde el punto de vista productivo, tener la mitad de la capacidad ociosa implica costos fijos que se distribuyen sobre menos unidades, lo que encarece todavía más la producción y reduce la competitividad. Además, desincentiva nuevas inversiones: nadie compra máquinas si las que ya tiene están paradas la mitad del tiempo.
El informe del Indec también muestra que la caída no es uniforme. En algunas provincias con fuerte componente industrial, como Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires, la situación es aún más crítica que el promedio nacional. Pequeñas y medianas empresas son las que más sufren, ya que tienen menos capacidad de financiamiento para aguantar meses con baja demanda.
Ante este escenario, desde distintos sectores empiezan a reclamar políticas activas que acompañen la estabilización: líneas de crédito a tasas razonables, estímulos a la exportación y medidas que reactiven el consumo interno sin volver a desequilibrar las cuentas públicas. Porque una industria funcionando a media máquina no solo afecta a los dueños de las fábricas, sino también a los miles de trabajadores que dependen de ella.
La pregunta que queda flotando es cuánto tiempo más puede la economía sostener este nivel de capacidad ociosa sin que el daño se vuelva estructural. Por ahora, los datos oficiales confirman lo que se ve en las plantas: las máquinas están ahí, pero una de cada dos no está produciendo.