Semáforo de economías regionales: solo cuatro actividades en verde y la mayoría sin repunte
Un informe actualizado revela que apenas cuatro sectores económicos regionales están en verde. El agropecuario, clave en varias provincias, muestra signos mixtos con caídas en granos pero leve mejora en economías locales.
Un nuevo semáforo de economías regionales pintó un panorama que no sorprende a nadie que esté mirando el interior del país: de todas las actividades relevadas, solo cuatro lograron pasar al verde. La mayoría sigue en amarillo o directamente en rojo, sin señales claras de repunte en el corto plazo.
El análisis, que cruza negocio, aspecto productivo y mercado, confirma lo que se viene sintiendo en muchas provincias: la recuperación es lenta, desigual y, en varios casos, inexistente. El sector agropecuario, que sigue siendo el motor de buena parte de las economías regionales, muestra una foto mixta según el informe.
En el agro, la caída de los precios internacionales de los granos sigue pesando fuerte. La soja y el maíz, dos de los pilares, mantienen una tendencia bajista que complica la rentabilidad de los productores. Sin embargo, hay algunos bolsillos de mejora: en regiones donde la ganadería vacuna o el tambo tienen mayor peso, los números empiezan a estabilizarse gracias a costos de producción que dejaron de subir tan fuerte como en 2023.
"El negocio agropecuario sigue complicado por los precios externos, pero el aspecto productivo muestra una leve recuperación en algunas cadenas locales", resume el documento. En el caso de economías más diversificadas —como las que combinan frutales, hortalizas y pequeña ganadería— el semáforo se puso en amarillo: ni caen más, pero tampoco despegan.
Las cuatro actividades que sí lograron pasar a verde son, según el informe, aquellas que lograron combinar tres factores: demanda externa estable, costos internos controlados y alguna mejora en la productividad. Entre ellas aparecen sectores como la vitivinicultura en ciertas zonas de Cuyo, el citrus en el NEA, la apicultura en zonas específicas y una parte de la forestal en el NEA y Patagonia. No son muchas, pero al menos dan algo de oxígeno.
El resto del mapa es más gris. Actividades tradicionales como el azúcar en el norte, la lechería en gran parte de la cuenca, el arroz y varios complejos hortícolas siguen en rojo o en un amarillo muy pálido. El problema no es solo climático o de precios: también pesa la falta de crédito, la presión impositiva y, en varios casos, la dificultad para acceder a mercados externos más exigentes.
Desde el punto de vista productivo, el agro muestra algunos avances tecnológicos que ayudan a mejorar rindes, pero el mercado no acompaña. Los productores consultados en el informe coinciden en que "se está produciendo más eficientemente, pero se gana menos". Esa brecha entre productividad y rentabilidad es lo que mantiene a la mayoría de las economías regionales lejos del verde.
El semáforo también pone el foco en algo que suele quedar afuera de los grandes titulares porteños: la enorme heterogeneidad del país. Mientras en algunas provincias el repunte de la construcción y el turismo interno ayudan a compensar la crisis del agro, en otras la dependencia de una sola actividad productiva hace que todo el tejido económico se resienta cuando esa actividad se apaga.
Para los que vivimos mirando estos números desde afuera, el mensaje es claro: no hay una sola "economía regional", sino muchas realidades superpuestas. Y por ahora, la mayoría sigue esperando una luz verde que, para la mayoría de las cadenas, todavía parece lejana.