Reforma laboral: por qué las empresas la aplican con demoras y el empleo sigue cayendo
Solo el 1% adoptó salarios dinámicos, el 9% el banco de horas y el 10% blanqueó trabajadores, según un relevamiento reciente. Mientras el desempleo aumenta, las compañías avanzan con cautela ante la incertidumbre económica.
Un nuevo relevamiento revela que la reforma laboral que impulsó el gobierno nacional está siendo adoptada con extrema lentitud por las empresas argentinas. Solo el 1% implementó salarios dinámicos, el 9% utiliza el banco de horas y apenas el 10% regularizó trabajadores en negro, según datos que circulan en ámbitos empresariales.
El contexto no ayuda: el empleo registrado cae mes a mes, la actividad económica se contrajo en el primer semestre y las pymes enfrentan costos financieros altísimos. En este escenario, la mayoría de las compañías prefiere esperar antes de modificar estructuras de costos que, una vez cambiadas, son difíciles de revertir.
"La reforma habilita herramientas, pero nadie quiere ser el primero en probarlas en un mercado que sigue cayendo", resume un consultor que asesora a medianas empresas del AMBA. La frase resume el clima que se respira en las oficinas y fábricas: cautela extrema.
Qué dice el relevamiento
El estudio, que abarca empresas de distintos tamaños y rubros, muestra que la adopción es marginal. El salario dinámico —que permite ajustar remuneraciones según productividad o resultados— apenas aparece en el 1% de los casos. El banco de horas, que flexibiliza la distribución de jornadas laborales, llega al 9%. Y el blanqueo de personal en negro se limita al 10% de las firmas relevadas.
Estos números contrastan con el discurso oficial, que presentó la reforma como una herramienta clave para bajar la informalidad y mejorar la competitividad. En la práctica, las empresas parecen priorizar la supervivencia inmediata por sobre los cambios estructurales.
El dato que nadie quiere ver: cae el empleo
Mientras las compañías demoran la aplicación de las nuevas normas, los números del mercado laboral siguen deteriorándose. Las cifras oficiales de los últimos meses muestran destrucción neta de puestos de trabajo formales, especialmente en sectores como construcción, industria y comercio.
Las pymes, que representan la mayor parte del empleo privado, son las que más sufren. Con costos fijos elevados y demanda débil, muchas optan por reducir horas extras, postergar incorporaciones o directamente prescindir de personal antes que experimentar con herramientas que todavía generan dudas jurídicas.
¿Por qué tanta demora?
Hay varios factores que explican esta prudencia. Primero, la incertidumbre macroeconómica: nadie sabe con certeza si la baja de la inflación se sostendrá lo suficiente como para justificar cambios en las estructuras de costos laborales.
Segundo, el temor a conflictos sindicales. Aunque la reforma limita algunos derechos de huelga y facilita ciertas reestructuraciones, las organizaciones gremiales mantienen capacidad de presión. Muchas empresas prefieren no abrir ese frente.
Tercero, la complejidad operativa. Implementar banco de horas o salarios variables requiere modificar convenios colectivos, actualizar sistemas de liquidación de sueldos y, en muchos casos, negociar con comisiones internas. Procesos que llevan meses y recursos que hoy muchas firmas no tienen.
Qué pasa en las pymes
En las pequeñas y medianas empresas el panorama es aún más complejo. Muchas operan con márgenes muy ajustados y ven la reforma como una promesa lejana. "Primero tengo que llegar a fin de mes", es la respuesta más repetida cuando se consulta a dueños de pymes sobre el tema.
Algunos rubros, como el de tecnología y servicios exportables, muestran mayor interés. Allí el banco de horas podría ser útil para adaptarse a picos de demanda de clientes del exterior. Pero incluso en esos sectores la adopción sigue siendo minoritaria.
El riesgo de que la reforma quede en el papel
Si la tendencia se mantiene, existe el riesgo de que la reforma laboral termine siendo más un anuncio que una transformación real del mercado de trabajo. Eso tendría consecuencias: seguiría alta la informalidad, los costos laborales seguirían siendo un obstáculo para la contratación y el empleo formal continuaría estancado.
Desde distintos sectores productivos ya empiezan a pedir medidas complementarias: reducción de aportes patronales, mayor previsibilidad cambiaria y un plan de reactivación que genere demanda. Sin eso, advierten, las herramientas de la reforma quedarán guardadas en un cajón.
Mientras tanto, los trabajadores siguen perdiendo poder adquisitivo y las empresas siguen sobreviviendo en modo defensivo. La reforma laboral, al menos por ahora, parece esperar tiempos mejores para ser realmente aplicada.