Radiografía de la morosidad récord: qué provincias lideran y quiénes son los más afectados
La irregularidad de los créditos a familias alcanzó el 15,9% en mayo, con 5,3 millones de personas con deudas impagas. San Juan, Catamarca y San Luis encabezan el ranking, mientras los jóvenes de 18 a 30 años son los más golpeados.
La irregularidad de los créditos a las familias en la Argentina alcanzó un preocupante 15,9% en mayo, según los últimos datos del Banco Central. Esto significa que más de 5,3 millones de personas mantienen al menos una deuda impaga, un número que refleja el impacto de la inflación sostenida, la caída del poder adquisitivo y las tasas de interés que, aunque bajaron, siguen siendo elevadas para muchos bolsillos.
El dato no es menor: representa el nivel más alto de morosidad en los últimos años y confirma una tendencia que se viene agravando desde mediados de 2023. Lo que antes era un problema puntual de algunos sectores ahora se extendió a gran parte de la clase media y media baja, especialmente en el interior del país.
San Juan, Catamarca y San Luis lideran el ranking
Si se mira por provincia, el mapa de la morosidad muestra un claro predominio del interior. San Juan aparece en el primer lugar con una tasa de irregularidad que supera el promedio nacional, seguida de cerca por Catamarca y San Luis. Estas tres provincias concentran los mayores índices de deudas impagas en créditos personales, tarjetas y préstamos prendarios.
En el caso de San Juan, el fenómeno se explica por una combinación de alto desempleo en sectores como la minería y el turismo, sumado a una fuerte dependencia de planes sociales que no alcanzan a cubrir el aumento del costo de vida. Algo similar ocurre en Catamarca, donde la economía informal es muy grande y los ingresos irregulares complican el pago de cuotas fijas.
San Luis, por su parte, muestra un dato llamativo: a pesar de tener históricamente una de las economías más ordenadas del interior, el aumento del costo de los servicios y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios estatales (que son mayoría) terminaron empujando a miles de familias al default.
Los jóvenes, los más complicados
El segmento etario más afectado es, sin sorpresa, el de los jóvenes de entre 18 y 30 años. Este grupo registra las mayores tasas de irregularidad, superando incluso el 20% en algunos rubros. ¿Por qué? Principalmente porque ingresan al mercado laboral en condiciones precarias, con sueldos que no siguen el ritmo de la inflación y una fuerte tendencia a endeudarse para consumo (celulares, viajes, indumentaria) a través de tarjetas y fintech.
Muchos de ellos accedieron a su primer crédito durante la pandemia o en la pospandemia, cuando las fintech bajaron los requisitos y ofrecieron límites altos. Hoy están pagando las consecuencias: refinanciaciones que se acumulan, intereses que crecen y un historial crediticio que se complica cada vez más.
Los mayores de 50 años, en cambio, muestran tasas de morosidad más bajas. Tienen mayor estabilidad laboral (muchos son jubilados o empleados públicos) y una cultura financiera más conservadora, aunque también sufren con los gastos de salud y los servicios.
Qué dice esto de la Argentina actual
Esta radiografía de la morosidad no es solo un número frío del BCRA. Habla de una sociedad que se endeudó para mantener un nivel de consumo que ya no puede sostener. Habla también de la dificultad de las familias para llegar a fin de mes y de un sistema financiero que, si bien se recuperó de la crisis de 2001, sigue sin llegar con soluciones reales a los sectores más vulnerables.
Las provincias del interior, que históricamente dependen más de la coparticipación y de economías menos diversificadas, son las que más sufren cuando la actividad económica se frena. Y los jóvenes, que deberían ser el motor del futuro, cargan hoy con deudas que limitan su capacidad de ahorrar, formar una familia o emprender.
Desde las fintech hasta los bancos tradicionales ya empiezan a ajustar sus políticas de crédito. Algunos redujeron los límites preventivamente, otros aumentaron los requisitos. Pero la solución de fondo no pasa solo por endurecer el acceso, sino por mejorar los ingresos reales de la población.
Mientras tanto, 5,3 millones de argentinos siguen cargando con deudas que no pueden pagar. Y el número, todo indica, seguirá creciendo en los próximos meses si la economía no muestra una recuperación clara.