Qué dijo Kristalina Georgieva en Buenos Aires: elogios al Gobierno y advertencias sobre empleo y consumo
La directora gerente del FMI elogió la estabilización macroeconómica pero advirtió que el próximo desafío es reactivar el empleo, el consumo, el crédito y la inversión en infraestructura. En su primer acto en el Palacio de Hacienda dejó también un mensaje directo a los argentinos.
La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, completó este lunes 27 de julio su primera visita oficial a la Argentina en más de dos años. Su acto central fue en el Palacio de Hacienda, donde compartió un escenario con el ministro de Economía, Luis Caputo, y dejó un discurso equilibrado: elogios concretos a la gestión actual, advertencias sobre lo que falta y un mensaje claro a la sociedad argentina.
Georgieva destacó los avances macroeconómicos conseguidos en los últimos 18 meses. “La inflación está bajando de manera sostenida, las reservas se están reconstruyendo y el déficit fiscal ha sido prácticamente eliminado”, señaló. Según sus palabras, el programa económico está “funcionando” y el FMI está “impresionado” por la velocidad de la estabilización.
Sin embargo, la economista búlgara fue clara en que la estabilización por sí sola no alcanza. “Ahora el desafío es pasar de la estabilización a la recuperación inclusiva”, dijo. En ese punto enumeró cuatro frentes pendientes: reactivar el empleo formal, impulsar el consumo privado, reconstruir el crédito y aumentar la inversión en infraestructura.
“Sin crecimiento que llegue a la gente, la sostenibilidad política y social de cualquier programa económico se pone en riesgo”, remarcó. Fue el pasaje más político de su intervención y sonó como una advertencia velada sobre la paciencia social ante el ajuste.
El mensaje directo a los argentinos
En un tramo que pareció preparado especialmente para el público local, Georgieva reconoció que “los costos del ajuste los están pagando principalmente los sectores más vulnerables y las clases medias”. Dijo entender el “cansancio” y la “frustración” acumulada tras años de crisis recurrentes, pero pidió “un esfuerzo más” para no volver al ciclo de inestabilidad.
“La Argentina tiene todo para ser uno de los grandes ganadores de esta década: recursos naturales, talento, capacidad productiva. Lo que necesita es consistencia y previsibilidad”, afirmó. La frase fue muy compartida en redes minutos después del evento.
Las definiciones técnicas
Respecto de la negociación con el FMI, Georgieva confirmó que las conversaciones para un nuevo acuerdo ya están avanzadas y que el staff técnico ve con buenos ojos la posibilidad de un programa que acompañe la fase de crecimiento. No dio plazos ni montos, pero dejó entrever que el acuerdo podría cerrarse antes de fin de año.
También se refirió a la deuda en default con holdouts y a la necesidad de resolverla para recuperar acceso pleno al mercado de capitales internacional. “La reestructuración de deuda debe ser parte de la solución, no del problema”, apuntó.
Reacciones locales
Desde el oficialismo celebraron los elogios y los tomaron como respaldo político en un momento de tensión interna. En la oposición, en cambio, criticaron que el FMI vuelva a avalar un ajuste que, según sus números, ya provocó una caída del PBI de más del 3% en el primer semestre y un aumento de la pobreza por encima del 50%.
Economistas independientes coincidieron en que el discurso de Georgieva refleja la hoja de ruta implícita del Gobierno: seguir con el superávit fiscal y la baja de inflación como ancla, mientras se espera que la recuperación llegue por el lado de la inversión privada y no del gasto público.
Qué sigue
La visita de Georgieva deja dos lecturas. Para el Gobierno, un aval externo que puede ser útil en la negociación con el Congreso y con los mercados. Para la sociedad argentina, un recordatorio de que la parte más dura del camino quizás ya pasó, pero que la recuperación todavía no se ve en el bolsillo de la mayoría.
Queda por ver si la “recuperación inclusiva” que pide el FMI llega antes de que se agote la tolerancia social al ajuste. Por ahora, los números macro lucen cada vez mejor. Los de la calle, todavía no.