Pulseada en el Gobierno: Caputo vs Milei por reactivar la economía
Mientras el equipo económico busca señales de crecimiento, el Presidente prioriza seguir bajando la inflación. Lo que se discute en Olivos y en las mesas de dinero.
En las últimas semanas, las reuniones en Olivos y en el Ministerio de Economía tienen un tema recurrente que ya no se disimula: la pulseada entre el equipo de Luis Caputo y Javier Milei sobre cómo y cuándo empezar a reactivar la economía.
Del lado del ministro, el diagnóstico es claro. La recesión ya mordió demasiado profundo. El consumo sigue deprimido, la industria pyme está al límite y varios sectores productivos piden a gritos alguna señal de alivio. Caputo y su equipo creen que es momento de empezar a aflojar la política monetaria y fiscal con cuidado, para evitar que la caída se convierta en un pozo del que sea más difícil salir.
Milei, en cambio, mantiene su obsesión central: la inflación tiene que seguir bajando hasta llegar a un dígito mensual. No quiere saber nada con medidas que puedan interpretarse como un “plan platita” o que relajen el superávit fiscal. Para el Presidente, cualquier señal de reactivación prematura puede hacer que los mercados duden de la consistencia del programa y que el dólar vuelva a ponerse nervioso.
La discusión no es teórica. En las mesas de traders y en los grupos de empresarios ya se habla abiertamente de esta tensión. Algunos analistas creen que si Milei no da alguna luz verde en las próximas semanas, la economía puede entrar en una fase de estancamiento prolongado que termine afectando también la recaudación y, por ende, la capacidad de seguir cumpliendo con el déficit cero.
Desde el equipo económico argumentan que ya se logró el punto más duro del ajuste y que ahora hace falta un “segundo tiempo” del plan. Hablan de desregulaciones más agresivas, de destrabar créditos para la producción y de dejar que el tipo de cambio real se acomode sin tanta intervención. Pero cada vez que surge una propuesta en ese sentido, Milei la frena en seco.
El dato que más preocupa en el Ministerio es la velocidad a la que se está destruyendo empleo formal y la caída abrupta de la actividad en sectores como la construcción y el consumo masivo. Si la recesión se extiende más allá del segundo trimestre, advierten, el costo social y político puede empezar a pesar más que los beneficios de seguir ajustando.
Milei, por su lado, repite en privado lo que dice en público: “primero hay que matar la inflación”. Considera que cualquier relajamiento ahora sería visto como una traición a lo que prometió en campaña y que los mercados lo castigarían con una corrida cambiaria. Para él, la estabilidad de precios es la única base sólida sobre la que se puede construir después.
La pulseada se nota también en las señales contradictorias que da el Gobierno. Mientras Caputo habla en off de “gradualismo” en la salida de la recesión, Milei tuitea o declara que “no hay plata” y que el ajuste sigue. Esa inconsistencia genera ruido en los inversores y retrasa decisiones de consumo e inversión.
Lo que se juega en esta interna no es menor. Si gana la visión más ortodoxa de Milei, la inflación puede seguir bajando pero a costa de una recesión más larga y profunda. Si prevalece la postura de Caputo, el riesgo es que se vuelva a perder control sobre los precios y se ponga en jaque todo lo logrado hasta ahora.
Por ahora, el Presidente mantiene la última palabra. Pero la presión desde el equipo económico, desde el sector privado y desde algunos halcones de su propio espacio se hace cada vez más fuerte. En las mesas de dinero ya no se discute si va a haber reactivación, sino cuándo y bajo qué condiciones Milei va a aceptar que llegue.