Economía

Por qué el consumo crece aunque los salarios sigan bajos: la trampa de la medición del INDEC

El consumo privado explica gran parte del rebote del PBI bajo Milei, pero los ingresos reales siguen deprimidos. El dato del INDEC esconde una realidad partida: los que más gastan no son los que más perdieron.

Publicado el 26 de julio de 2026, 13:40 hs

Estanterías vacías de un supermercado porteño junto a una fila de compras en un hipermercado del conurbano
Ámbito — Economía

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que el consumo privado creció 3,2% interanual en el segundo trimestre de 2024 y fue el principal motor del rebote del PBI. Suena a buena noticia. Pero cuando se mira con lupa, el número revela más sobre cómo está partida la economía argentina que sobre una verdadera recuperación.

Según los datos oficiales, el consumo de los hogares explicó casi el 70% del crecimiento del producto bruto. Sin embargo, los salarios reales siguen un 20% por debajo de los niveles de diciembre de 2023 y el poder adquisitivo de las jubilaciones mínimas cayó alrededor del 35% en términos reales desde que asumió Javier Milei. Entonces, ¿quién está consumiendo?

La respuesta está en la concentración. Los sectores de ingresos altos y medios altos, que recuperaron parte de su capacidad de gasto gracias a la estabilización cambiaria y a la licuación de deudas en pesos, están tirando del carro. Mientras tanto, la base de la pirámide sigue ajustando el cinturón: menos carne, menos salidas, menos todo.

"El consumo agregado mejora porque el 20% más rico aumentó fuertemente su gasto en bienes durables y servicios", explica un economista que prefiere no dar su nombre para evitar problemas con el Gobierno. "Pero si mirás el consumo por decil, la cosa se ve muy distinta".

Esta disparidad también se nota en los rubros. Las ventas de autos 0 km subieron fuerte en los primeros meses del año, lo mismo que los pasajes al exterior y las compras en shoppings. En cambio, los supermercados de barrio y los comercios de cercanía siguen con caídas reales de dos dígitos. Es el clásico efecto "rico come, pobre no come" que tantas veces vimos en la Argentina.

El INDEC mide el consumo privado a partir de una canasta que pondera de forma distinta según el tipo de bien. Los bienes durables (heladeras, celulares, autos) tienen un peso importante. Cuando un sector alto de la pirámide decide cambiar el auto o comprar un iPhone, el impacto en el indicador es mayor que si miles de familias compran un paquete de fideos menos.

Además, hay un efecto estadístico que pocos mencionan: la comparación interanual se hace contra el segundo trimestre de 2023, cuando la economía ya estaba en recesión profunda por la sequía y la crisis cambiaria del gobierno anterior. Cualquier rebote luce exagerado cuando el piso es tan bajo.

Desde el lado de la oferta, las empresas lo sienten de forma muy desigual. Las que venden productos de primera necesidad (alimentos básicos, limpieza) siguen con volúmenes deprimidos. Las que venden productos aspiracionales o de lujo reportan mejoras. Es una economía bifurcada: una parte parece recuperarse mientras la otra se hunde.

"Lo que estamos viendo es el consumo de los que tienen dólares ahorrados o ingresos en moneda dura", dice un gerente de una cadena de electrodomésticos que opera tanto en Palermo como en el conurbano. "En los barrios populares la gente sigue eligiendo la segunda marca o directamente no compra".

Este fenómeno no es nuevo. Ya ocurrió en otros momentos de la historia argentina: después de las devaluaciones, los que logran recomponer sus ingresos o tienen algún colchón empiezan a gastar antes que el resto. El problema es cuando ese "resto" representa más del 60% de la población y sus ingresos siguen licuados.

El Gobierno celebra el dato como prueba de que "la economía está empezando a despegar". Los números de la calle, las encuestas de consumo y las propias sensaciones de la mayoría de los argentinos cuentan otra historia. Una sociedad más desigual, donde el promedio esconde realidades muy distintas.

Queda la pregunta del millón: ¿cuánto tiempo puede crecer una economía sostenida casi exclusivamente por el consumo de los que mejor están? La historia local sugiere que no demasiado. Tarde o temprano, para que el rebote sea sustentable, tiene que llegar al bolsillo de la mayoría. Por ahora, el INDEC dice que mejora. La mayoría de los argentinos, todavía, no lo siente.

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