Economía

Murió Alan Greenspan, el histórico expresidente de la Reserva Federal, a los 100 años

El economista que dirigió la Fed durante casi dos décadas bajo cuatro presidentes estadounidenses falleció a los 100 años. Su legado genera debates hasta hoy sobre burbujas financieras y la estabilidad económica.

Publicado el 28 de junio de 2026, 21:40 hs

Alan Greenspan en su despacho de la Reserva Federal con traje formal y expresión seria

Alan Greenspan, el hombre que pilotó la Reserva Federal de Estados Unidos durante 19 años, falleció a los 100 años. Su partida cierra un capítulo clave de la economía mundial del siglo XX y principios del XXI.

Dirigió la Fed desde 1987 hasta 2006, nombrado inicialmente por Ronald Reagan y ratificado por George H. W. Bush, Bill Clinton y George W. Bush. Esa continuidad bipartidista ya habla de un perfil que trascendió las grietas políticas de Washington.

La institución que presidió durante casi dos décadas emitió un comunicado breve pero cargado de elogios: destacó la "confianza" que inspiró su gestión y el "legado duradero" que dejó en la política monetaria estadounidense.

El técnico que se volvió casi mito

Greenspan llegó a la Fed con un prestigio construido en el sector privado. Había fundado una consultora económica y asesorado a presidentes republicanos. Su estilo era cauteloso, casi oracular: hablaba en un lenguaje denso y lleno de condicionales que los mercados aprendieron a decodificar.

Bajo su mando, la economía estadounidense vivió uno de los períodos de expansión más largos de su historia. La inflación se mantuvo baja, el desempleo cayó y los mercados financieros vivieron una fiesta casi ininterrumpida. Para muchos, fue el artífice de la "Gran Moderación".

Pero esa misma gestión también es cuestionada. Críticos sostienen que su política de tasas de interés bajas en los primeros 2000 alimentó la burbuja inmobiliaria que terminó explotando en 2008, poco después de que dejara el cargo. El propio Greenspan admitió en audiencias posteriores que se había equivocado al confiar demasiado en la autorregulación de los bancos.

Un estilo que marcó época

Su forma de comunicarse se volvió legendaria. Las actas de la Fed durante su mandato están llenas de frases que los operadores de Wall Street memorizaban: "Si entendieron lo que dije, probablemente me expresé mal". Esa ambigüedad deliberada era parte de su estrategia para no comprometer demasiado a la institución.

Nacido en 1926 en Nueva York, en el seno de una familia judía de origen rumano y húngaro, Greenspan estudió economía en la Universidad de Nueva York y luego en Columbia, donde tuvo como profesor a Arthur Burns, quien luego también sería presidente de la Fed.

Antes de entrar a la política, tocó el saxofón en una banda de jazz y llegó a considerar seriamente dedicarse a la música. Esa anécdota siempre aparecía en los perfiles que se hacían de él: el técnico frío que alguna vez tuvo alma de artista.

El legado en debate

A 18 años de su retiro, la figura de Greenspan sigue dividiendo aguas. Para unos representa la sensatez monetaria y la estabilidad de precios. Para otros, encarna la soberbia de los tecnócratas que creyeron que el ciclo económico se había domesticado para siempre.

Su sucesora inmediata, Ben Bernanke, tuvo que lidiar precisamente con la crisis que muchos adjudican, al menos en parte, a las políticas de finales de la era Greenspan. La ironía no pasó inadvertida.

Hoy, con la inflación nuevamente como problema global y los bancos centrales navegando entre recesión y precios altos, la gestión de Greenspan vuelve a ser materia de estudio en universidades y think tanks.

La Fed, en su comunicado de despedida, evitó entrar en esas controversias. Prefirió recordar al hombre que, con 100 años cumplidos, dejaba atrás un recorrido que pocos funcionarios públicos pueden igualar en duración e influencia.

En un mundo que cada vez desconfía más de las élites técnicas, la muerte de Greenspan invita a repensar qué significa liderar una institución como la Reserva Federal: si se trata de anticipar crisis o de administrar con prudencia las que inevitablemente llegan.

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